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	<title>Cómo cazar un dragón</title>
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	<description>La ciudad bajo tierra</description>
	<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 11:19:08 +0000</pubDate>
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		<title>Heinrichs Tagenbuch (I)</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 11:18:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>J.</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Temporada 1]]></category>

		<category><![CDATA[Documentos]]></category>

		<category><![CDATA[Nazis]]></category>

		<category><![CDATA[Rue du Peuplier]]></category>

		<category><![CDATA[Saint-Géry]]></category>

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		<description><![CDATA[13 de junio de 2009
(7, rue du Peuplier; 21:00 p.m.)
Reviso mi cuenta de correo.
Ingrid.
He estado esperando este mail durante semanas&#8230; Y, sin embargo, ahora&#8230;
(¿Tengo miedo?).
A poco más de veinticuatro horas de mi cita con Liz, no estoy seguro de necesitar más sorpresas. No quiero encontrarme con algo que no sea capaz de manejar y pensármelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_314" class="wp-caption alignleft" style="width: 312px"><img class="size-full wp-image-314" title="Diario de Heinrich" src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/11/diary.jpg" alt="Diario de Heinrich" width="302" height="220" /><p class="wp-caption-text">Diario de Heinrich</p></div>
<p>13 de junio de 2009<br />
(7, rue du Peuplier; 21:00 p.m.)</p>
<p>Reviso mi cuenta de correo.<br />
Ingrid.<br />
He estado esperando este <em>mail</em> durante semanas&#8230; Y, sin embargo, ahora&#8230;<br />
(¿Tengo miedo?).<br />
A poco más de veinticuatro horas de mi cita con Liz, no estoy seguro de necesitar más sorpresas. No quiero encontrarme con algo que no sea capaz de manejar y pensármelo mejor en el último momento.<br />
No ahora.<br />
No tan cerca.<br />
(¿Estoy temblando?).<br />
Pero la curiosidad me puede.<br />
<span id="more-312"></span><br />
<em>Voilá</em>:</p>
<p>DE: Ingrid C. S.<br />
PARA: J.<br />
ENVIADO: 13 de junio de 2009, 11:34 h.<br />
ASUNTO: Traducción.<br />
<em>Siento el retraso, cariño!!!<br />
Me ahorraré un par de excusas que tenía preparadas e iré al grano (ya sabes cómo es mi vida, siempre de acá para allá y sin tiempo para nada: porca miseria; espero que no creyeras que me había olvidado de ti).<br />
Te adjunto la traducción del texto que me enviaste. Tenías razón: es prácticamente ilegible. He hecho lo que he podido (¿suficiente?) y te aseguro que he sudado tinta para dar con algo más o menos coherente.<br />
Como sospechabas, se trata de parte del diario de un oficial alemán destinado en Bruselas  durante la ocupación. Un tal Heinrich.<br />
La narración es bastante rocambolesca, por decir algo, pero supongo que tienes a mano los datos para descifrar su significado. Si es que hay algo que descifrar&#8230;<br />
He incluido algunas notas que tal vez puedan ayudarte.<br />
Tal vez adviertas ciertas incoherencias o lagunas en el texto. No es culpa mía: quien sea que escaneó el documento seleccionó ciertos fragmentos y obvió otros. Ya te habrás dado cuenta. Por si acaso, he señalado estos puntos así: (&#8230;).<br />
Todo tuyo.<br />
Espero que algún día podamos quedar para tomar un café y me cuentes en qué acaba todo esto. Se está poniendo muuuy interesante.<br />
Besos.</em></p>
<p>Datos adjuntos: Heinrich Tagebuch, 1940-1944.</p>
<p>(&#8230;) de las autoridades locales.<br />
En cualquier caso, no esperamos contratiempos significativos. Hasta donde es posible, los escasos focos de resistencia está controlados y la población civil, por lo general, ha acabado por aceptar nuestra presencia aquí como algo inevitable.</p>
<p><em>21 de octubre de 1940.</em><br />
La última prospección, a unos 10,5 m. de la superficie, tampoco ha ofrecido resultados significativos. Hasta ahora, sólo hemos podido constatar la existencia de, al menos, tres niveles de cimentación correspondientes a otros tantos periodos históricos. Algo que, por otra parte, ya intuíamos. Los últimos restos hallados parecen datar de algún momento entre los siglos XII y XIII, pero no podremos asegurarlo hasta que no sean enviados a Berlín para su análisis.</p>
<p><em>22 de octubre de 1940.</em><br />
Sin novedad.<br />
He de confesar que empiezo a albergar ciertas dudas respecto de nuestra misión aquí y el empeño de <em>herr</em> Himmler en tan extraña empresa. Si bien mi lealtad al partido está fuera de toda duda, no es menos cierto que discrepo sustancialmente de ciertos presupuestos de la <em>Ahnenerbe</em>, en especial de esa deriva ocultista a la que últimamente parecen tan inclinados nuestros superiores.<br />
Supongo que adolezco de un espíritu demasiado pragmático para tales disquisiciones. Al fin y al cabo, sólo soy un soldado.<br />
Me consta, sin embargo, que <em>herr</em> Zweiffel, nuestro ingeniero, es de mi misma opinión. Él va más allá de lo que yo me atrevería nunca, desde luego, e incluso se permite despotricar de nuestro <em>Reichsführer</em> y sus &#8220;ínfulas mesiánicas&#8221;, y los &#8220;desvaríos de viejo chiflado&#8221; del profesor Rahn -siempre bajo la perniciosa influencia del <em>schnapps</em>, claro-.<br />
La realidad, en cualquier caso, es que no hemos hallado nada parecido a esa especie de &#8220;lugar sagrado&#8221; al que <em>herr professor</em> hace referencia en su artículo. &#8220;La guarida del dragón&#8221; lo llama, y cito textualmente: &#8220;uno de los últimos santuarios de la Antigua Raza en los tiempos oscuros de la expansión del cristianismo. Una fuente cósmica de conocimiento y poder milenarios, hurtada a los hombres por el resentimiento y la superchería&#8221;.<br />
¿A qué se refiere exactamente? He releído una y otra vez la vieja crónica que sirve de base a sus especulaciones y no he encontrado nada que pueda arrojar algo de luz sobre la verdadera naturaleza de nuestra tarea. En mi modesta opinión, no se trata más que de una burda ficción de nulo valor histórico. Un cuento de brujas para mentes incautas, nada más. ¿Qué pudo ver <em>herr </em>Rahn en semejante impostura? ¿Acaso se dejó llevar por un incomprensible y poco científico exceso de entusiasmo?<br />
Esperemos que el tiempo ponga las cosas en su sitio.</p>
<p><em>(Nota de Ingrid: la </em>Ahnenerbe<em>, literalmente Studiengesellschaft für </em>Geistesurgeschichte Deutsches Ahnenerbe<em> -Sociedad para la Investigación y Enseñanza de la Herencia Ancestral Alemana-, fue un organismo integrado en las</em> SS<em> con la finalidad de dar cierta base científica al mito de la raza aria y su supuesta supremacía. Esto, por supuesto, incluía desde los experimentos genéticos sobre prisioneros de guerra hasta la búsqueda de improbables reliquias pseudopaganas por toda Europa&#8230; ¿Sabes que estuvieron en Montserrat buscando el Grial? De locos.<br />
Herr Heinrich Himmler, como </em>Reichsführer<em>, manejaba el cotarro.<br />
Si quieres mi opinión: un atajo de imbéciles iluminados.<br />
Supongo que herr professor Rahn es Otto Rahn, historiador y </em>SS-Obersturmführer<em> , y uno de los principales ideólogos del mito ario. Murió en extrañas circunstancias en 1939.<br />
No he encontrado ninguna referencia al texto de Sexto Germanico ni al Thule Magazin, pero -flipa- existió una Sociedad Thule -Thule-Gesellschaft- que se dedicaba a principios de siglo a estos dudosos menesteres &#8220;científicos&#8221; e influyó decisivamente en la configuración de la mitología nazi. Se dice que el mismo Hitler era un miembro activo en sus reuniones.<br />
¿Es posible que haya aquí una conexión?<br />
Tal vez habría que bucear en la Staatsbibliothek de Berlín. Te lo dejo a ti).</em></p>
<p><em>23 de octubre de 1940.</em><br />
Apenas había escrito unas breves líneas a nuestro Reichsführer expresando cautelosamente mis dudas con respecto a la misión y solicitando algo más de información al respecto, cuando los acontecimientos se precipitaron.<br />
Tuve que destruir mi carta, por supuesto.<br />
Hoy, sobre las 20:00 h., para sorpresa de todos, alcanzamos lo que parece ser el techo de la cripta: la legendaria cripta bajo la ermita de Saint-Géry&#8221;; los umbrales del Averno&#8221;, según Sexto Germanico&#8230; O al menos eso es lo que piensa <em>herr</em> Zweiffel, que ha mudado como por ensalmo su inicial escepticismo por el entusiasmo vehemente del converso.<br />
¿Quién sabe? Tal vez nuestra presencia aquí tenga un sentido después de todo.</p>
<p><em>24 de octubre de 1940.</em><br />
Nada es tan fácil como parece.<br />
La sonda muestra una bolsa de aire bajo la última cota, a unos 2,5 metros de profundidad, pero es muy posible que nuestro empeño por llegar a la zona en cuestión acabara en un derrumbamiento de proporciones insospechadas, acaso con grave peligro para nuestros trabajadores.<br />
Tras un somero análisis de los estratos, <em>herr </em>Zweiffel concluye que probablemente la cripta haya sido construida aprovechando una caverna natural -&#8221;roca madre&#8221;, me dice-; lo que complicaría el trabajo de nuestros excavadores, pero eliminaría todo riesgo de colapso.<br />
La decisión está en mis manos. He de pensarlo detenidamente.<br />
Doy un  par de días libres a las cuadrillas.</p>
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		<title>La puerta B</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 18:47:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>J.</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Temporada 1]]></category>

		<category><![CDATA[Monk]]></category>

		<category><![CDATA[Pentágono]]></category>

		<category><![CDATA[Puerta B]]></category>

		<category><![CDATA[Saint-Géry]]></category>

		<category><![CDATA[Sainte-Catherine]]></category>

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		<description><![CDATA[11 de junio de 2009
(7, rue du Peuplier; 13:00 p.m.)
 
 &#8230;a veces, me encuentro en el claro de un bosque en mitad de la noche, de rodillas, cavando la tierra con las manos desnudas, sucias de sangre y barro, y son mis propios ojos los que me contemplan desde el agujero inmundo en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_305" class="wp-caption alignleft" style="width: 331px"><img class="size-full wp-image-305" title="Claro de Bosque" src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/10/claro-bosque.jpg" alt="Claro de Bosque" width="321" height="214" /><p class="wp-caption-text">Claro de Bosque</p></div>
<p align="right"><em>11 de junio de 2009</em><em><br />
</em><em>(7, rue du Peuplier</em><em>; 13:00 p.m.)</em></p>
<p align="right"><em> </em></p>
<p><em> &#8230;a veces, me encuentro en el claro de un bosque en mitad de la noche, de rodillas, cavando la tierra con las manos desnudas, sucias de sangre y barro, y son mis propios ojos los que me contemplan desde el agujero inmundo en el que se pudren los restos de lo que fui, algo parecido a un hombre, y puedo ver el cielo girar en lentos torbellinos de niebla y polvo de estrellas y fuego azul sobre mi cabeza atribulada, más allá de las ramas nudosas y quebradizas de los árboles, un rostro, que ya no es el mío, congelado en una mueca de terror y una última palabra temblando en los labios, y sé que pronto llegará el día y vendrán los cuervos y quiero gritar y no sé cómo hacerlo&#8230;</em></p>
<p><span id="more-304"></span></p>
<p><em> &#8230;otras, recorro el cauce seco de un río camino de una ciudad abandonada, las murallas vencidas en la lejanía, torreones hendidos por el rayo y pináculos y columnatas irguiéndose apenas entre la hiedra, los escombros y el polvo de los siglos, y me demoro en las huellas del desastre, sillares y capiteles y estatuas mutiladas, esparcidos por doquier en las negras arenas, una mano de proporciones titánicas señalando inútilmente a las nubes, estelas grabadas en un idioma incomprensible -guerreros y reyes sin nombre-, un ángel que podría ser un demonio observándome desde su tumba de cieno y hojas secas, hasta que es demasiado tarde y un violento torrente de aguas turbias me arrastra hasta el mismo confín del mundo borrándolo todo&#8230;</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em>Los sueños me asaltan en cualquier momento.</p>
<p>Día y noche.</p>
<p>No puedo deshacerme de ellos.<em> </em></p>
<p><em> </em>¿Qué me está pasando?</p>
<p align="center">(&#8230;)</p>
<p align="center">
<p>Enzo se ha marchado. Y todos los compañeros de la Facultad. Marcos, Wim, etc.</p>
<p>También Mira.</p>
<p>SMS: <em>Olvida lo que ocurrió entre nosotros. Yo ya lo he hecho. No era el momento ni el lugar. Tal vez en otra reencarnación? :)</em></p>
<p>Alex no ha dado señales de vida desde que le envié el mapa de Fred vía <em>e-mail</em>.</p>
<p>Supongo que Jesús y Rosa siguen a lo suyo.</p>
<p>¿Y Liz?</p>
<p>Estoy solo. Con mi delirio.</p>
<p>No quiero dormir.</p>
<p>No quiero soñar.</p>
<p>Si al menos tuviera algo de <em>speed</em>&#8230;</p>
<p align="center">(&#8230;)</p>
<p align="center">
<p>Me mantengo en pie a base de café y cigarrillos.</p>
<p>Y dibujo. Para aclarar mis ideas.</p>
<p>Sólo entiendo de cosas que se puedan dibujar. Soy así de simple. Así que relleno mi cuaderno de extraños guarismos: pentágonos y estrellas de cinco puntas, listas de nombres, fechas&#8230; Nada.</p>
<p>Por enésima vez, casi mecánicamente, trazo en rojo las líneas maestras del mapa de Fred: 1, 2, 3, 4 y 5.</p>
<p>En azul, la línea B.</p>
<p>Sobre éstas, incluyo un croquis de memoria del plano de Alex: las cinco torres en torno a la Grand Ile, el pentágono, etc.</p>
<p>Y contemplo mi obra durante un par de minutos.</p>
<p>Todo concuerda.</p>
<p>O eso quiero creer.</p>
<p>Desde el principio, intuimos que el laberinto había sido concebido sobre una estructura pentagonal, si bien algo irregular: cinco referencias de carácter presuntamente simbólico -Notre-Dame du Finistère, Notre-Dame de la Chapelle, Saints-Michel et Gudule, Saint-Antoine y Sainte-Catherine- y más o menos equidistantes de St. Géry.</p>
<p>Si damos por verdaderos los datos aportados por Alex, podríamos corroborar esta primera intuición y suponer que la antigua ciudad -la Bruselas vieja o <em>pentagon</em>-  creció alrededor de los muros levantados en torno a Saint-Géry y sus cinco torres, y sobre el laberinto, siguiendo su mismo patrón geométrico .</p>
<p>A simple vista, es lo que parece.</p>
<p>Creo, sin embargo, que nos precipitamos al considerar la vieja capilla como centro del laberinto.</p>
<p>Demasiado fácil.</p>
<p>La <em>Cronica Bruxellensis</em>, además, no deja lugar a dudas: allí se encuentra la entrada, o entradas -digamos que son cinco-, a los subterráneos, señaladas por las cinco torres-vigía <em>&#8220;para aviso y memoria de todos los hombres&#8221;</em>. Selladas, por supuesto. Saint-Géry no es el final sino el principio. El verdadero punto de partida. Y lo que sea que se oculta en las entrañas de la ciudad debe de encontrarse en algún lugar al final de estas líneas rojas, tal vez a decenas de kilómetros bajo tierra, perdido en la maraña de túneles.</p>
<p>En teoría, esto no hace sino complicar aún más las cosas: ¿en qué lugar del mapa marcar la X? ¿Existe un único camino hasta el secreto? ¿O son todos callejones sin salida?</p>
<p>Una verdadera jodienda.</p>
<p>En teoría.</p>
<p>Porque a estas alturas, y después de haberlo rumiado en silencio durante semanas, ya apenas tengo dudas sobre la dirección a seguir. Sólo necesitaba reunir el valor suficiente para hacerlo.</p>
<p>Hay una puerta trasera. Lo sé. Desde hace tiempo.</p>
<p>Llamémosla <em>puerta B</em>.</p>
<p>Y ha llegado el momento de abrirla, antes de que Alex o cualquier otro tocapelotas aprendiz de Robert Langdon se nos adelante.</p>
<p align="center">(&#8230;)</p>
<p align="center">
<p>Llamo a Liz.</p>
<p><em>&#8220;You again?&#8221;</em>, suelta sin contemplaciones.</p>
<p>YO: Espero que estés lista. No tenemos mucho tiempo.</p>
<p>LIZ: Mierda, J&#8230; Pensé que ya te habrías olvidado del asunto.</p>
<p>YO: ¿Qué tal mañana?</p>
<p>LIZ: ¿Qué tal nunca?</p>
<p>YO: Me lo prometiste. Sólo una vez más. ¿Es que ya no lo recuerdas?</p>
<p>LIZ: <em>I know, Iknow&#8230;</em> Joder, no quiero volver a discutir contigo.</p>
<p>YO: La última.</p>
<p>LIZ: Eso espero. Por tu bien. Tengo que coger un vuelo a Edimburgo el día 20. Vuelvo a casa. No me queda tiempo para seguir ejerciendo de mamá contigo, <em>you know what I mean?</em></p>
<p>YO: <em>Ok.</em></p>
<p>LIZ: Digamos&#8230; ¿El sábado?</p>
<p>YO: Mejor el domingo. A eso de la medianoche. Debemos guardar cierta discreción.</p>
<p>LIZ: ¿Debemos qué? <em>Fuck it&#8230;</em> ¿Qué coño te propones?</p>
<p>YO: <em>Top secret</em>. Te lo explicaré todo en su momento. No quiero que te eches atrás demasiado pronto.</p>
<p>LIZ: <em>You crazy motherfucker&#8230;</em></p>
<p>Silencio.</p>
<p>Oigo su respiración agitada al otro lado del teléfono. ¿O es la mía?</p>
<p>&#8220;¿Dónde?&#8221;, dice al fin.</p>
<p>YO: En Sainte-Catherine. Junto al Monk. Te estaré esperando. No me falles.</p>
<p>LIZ: &#8230;</p>
<p>YO: ¿Liz?</p>
<p>LIZ: <em>Ok, man</em>. Allí estaré.</p>
<p>YO: Genial. (<em>Le mando un sonoro beso telefónico</em>). <em>I love you, darling.</em></p>
<p>LIZ: <em>Rot in hell.</em></p>
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		<title>Estoy K.O.</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 09:22:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>J.</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Temporada 1]]></category>

		<category><![CDATA[alcohol]]></category>

		<category><![CDATA[Corbeau]]></category>

		<category><![CDATA[Sueño]]></category>

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		<description><![CDATA[7 de junio de 2009
(18, rue de Belle Vue ; 09:30 a.m.)
Despierto en casa de Mira. En su cama.
Mierda.
¿Qué cojones hago aquí?
Ella aún duerme, completamente desnuda y tan cerca de mí que puedo sentir su aliento quemándome las mejillas. Alcohol y tabaco. Su mano izquierda reposa descuidadamente sobre mi vientre.
Mierda. Mierda. Mierda.
Permanezco un buen rato [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_299" class="wp-caption alignleft" style="width: 260px"><img class="size-full wp-image-299" title="Cama de Mira" src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/09/bed.jpg" alt="Cama de Mira" width="250" height="347" /><p class="wp-caption-text">Cama de Mira</p></div>
<p>7 de junio de 2009<br />
(18, <em>rue de Belle Vue</em> ; 09:30 a.m.)</p>
<p>Despierto en casa de Mira. En su cama.<br />
Mierda.<br />
¿Qué cojones hago aquí?<br />
Ella aún duerme, completamente desnuda y tan cerca de mí que puedo sentir su aliento quemándome las mejillas. Alcohol y tabaco. Su mano izquierda reposa descuidadamente sobre mi vientre.<br />
Mierda. Mierda. Mierda.<br />
Permanezco un buen rato inmóvil, mirando al techo y tratando de poner en orden mis pensamientos.<br />
Es inútil: estoy K.O.<br />
Me incorporo despacio, recojo mis calzoncillos del suelo y me dirijo al baño tambaleándome, y dejo correr un generoso chorro de agua fría sobre mi cabeza para aliviar la resaca. Y empiezo a recordar: la Gran Despedida en el Corbeau/Enzo, Marcos <em>et alia</em>/ni rastro de Liz/demasiadas cervezas y whisky/Mira: &#8220;la última en mi casa&#8221;, etc.<br />
Seré gilipollas.<br />
Logro llegar hasta la cocina sin tropezar y preparo una cafetera bien cargada. Busco sin éxito un <em>alka-seltzer</em> o algo parecido. Enciendo el primer cigarrillo del día.<br />
<span id="more-298"></span><br />
Cuando vuelvo a la habitación con un par de tazas, ella me espera sentada en el borde de la cama. Se masajea las sienes y bosteza ruidosamente. No me mira. No dice nada. Vuelve a bostezar.<br />
Le ofrezco una de las tazas y me siento junto a ella. Tomo un sorbo de mi café y al fin pregunto: &#8220;¿Qué pasó anoche?&#8221;.<br />
MIRA: (<em>Negando con la cabeza</em>). Eres todo un romántico, ¿lo sabías?<br />
YO: Lo siento.<br />
Silencio.<br />
MIRA: Los he echado peores.<br />
YO: ¿Demasiado brusco?<br />
Por toda respuesta, ella se recoge el pelo sobre la coronilla y me muestra un moratón en la base de su cuello. Aún son apreciables las marcas de unos dientes. Mis dientes. Se gira un poco: arañazos en su espalda y en sus nalgas. Otro moratón en su cintura,  a la altura del hueso pélvico.<br />
&#8220;Joder&#8221;, balbuceo. Creo que me sonrojo.<br />
MIRA: No te preocupes, tigre. (<em>Se cubre con la sábana y se incorpora</em>). Sobreviviré.<br />
Busca algo en el cajón de la mesilla de noche. Tabaco. Una cajetilla de Lucky, vacía. Le lanzo uno de mis cigarrillos y enciendo otro para mí. Ella me alcanza el cenicero y se queda ahí de pie, frente a mí, en silencio, y esperando no sé muy bien qué.<br />
&#8220;Estaba muy borracho&#8221;, acierto a decir.<br />
MIRA: Eso se parece bastante a una disculpa.<br />
YO: No soy así. Tú lo sabes. No sé que me pudo pasar.<br />
Silencio.<br />
Ella da una larga calada y deja escapar el humo en un suspiro lento y profundo.<br />
MIRA: Te perdiste.<br />
YO: (<em>Asintiendo</em>). Me perdí.<br />
MIRA: En algún momento de la noche, empezaste a delirar y a comportarte como un animal. Tu cabeza ya estaba en otro lugar, ¿sabes lo que te digo? Muy lejos. Me mirabas y no me veías, y yo no podía reconocerte. Tus ojos no eran tus ojos. Ni tu voz. Tampoco tu voz era tu voz. No sé. (<em>Otra larga calada al cigarrillo, hasta el filtro</em>). Tuve miedo.<br />
&#8220;Mierda&#8221;, digo agachando la cabeza.<br />
MIRA: Como un animal enjaulado. Y furioso. (<em>Su voz tiembla. Se cruza de brazos, como si de repente tuviera frío</em>). No sé qué buscabas, pero no era a mí.<br />
Silencio.<br />
YO: Soñaba.<br />
MIRA: ¿Soñabas? (<em>Se acuclilla frente a mí y roza levemente mi mejilla con sus dedos</em>). ¿Con qué?<br />
&#8220;No sé. Sombras&#8221;, concluyo.<br />
Y ya no queda más que decir.<br />
Dejo mi taza y el cenicero en el suelo, y recojo mi ropa.<br />
Mira se encierra en el baño. Oigo correr el agua de la ducha.<br />
Me marcho.</p>
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		<title>Rosalie, mon amour.</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Sep 2009 21:40:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>J.</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Temporada 1]]></category>

		<category><![CDATA[Dragón]]></category>

		<category><![CDATA[Mapa]]></category>

		<category><![CDATA[Otto]]></category>

		<category><![CDATA[Pentágono]]></category>

		<category><![CDATA[Rosalie]]></category>

		<category><![CDATA[Saint-Géry]]></category>

		<category><![CDATA[Sainte-Catherine]]></category>

		<category><![CDATA[Torre Negra]]></category>

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		<description><![CDATA[6 de junio de 2009
(City2, 12:30 p.m.)
Paso la mañana en el City2. De compras.
-Dos pares de botas de agua.
-Dos pares de pantalones de neopreno.
-Dos linternas sumergibles y un par de juegos de baterías de reserva.
-Una brújula.
-Un piolet y una pequeña pala. Clavos. Brocas. Mosquetones.
-30 metros de cuerda estática.
-Una mochila impermeable de 25 l. de capacidad.
El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_287" class="wp-caption alignleft" style="width: 276px"><img class="size-full wp-image-287" title="City2" src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/09/city-2.jpg" alt="City2" width="266" height="292" /><p class="wp-caption-text">City2</p></div>
<p style="text-align: left;">6 de junio de 2009<br />
(<em>City2,</em> 12:30 p.m.)</p>
<p>Paso la mañana en el City2. De compras.</p>
<p>-Dos pares de botas de agua.</p>
<p>-Dos pares de pantalones de neopreno.</p>
<p>-Dos linternas sumergibles y un par de juegos de baterías de reserva.</p>
<p>-Una brújula.</p>
<p>-Un piolet y una pequeña pala. Clavos. Brocas. Mosquetones.</p>
<p>-30 metros de cuerda estática.</p>
<p>-Una mochila impermeable de 25 l. de capacidad.</p>
<p>El <em>kit</em> del espeleólogo aficionado.</p>
<p><span id="more-288"></span>Tomo un café en el Java Coffee Corner y se me ocurre que tal vez podría darme una vuelta por el mercadillo de la Place du Jeu de Balle antes de volver a casa. Tomo el metro, me bajo en Porte de Hal y me dirijo directamente al tenderete de Maurice, alias <em>le capitain</em>, un militar jubilado que se saca un sobresueldo los sábados vendiendo reliquias de dudosa procedencia, desde sellos y papel-moneda con varios siglos de antigüedad hasta cacharrería de las dos guerras: insignias, medallas, gorras, etc.</p>
<p>Me reconoce: <em>&#8220;Salut, mon vieux !&#8221;</em></p>
<p><em>&#8220;Mon capitain&#8230;&#8221;</em>, digo y revuelvo sus cachivaches durante un par de minutos hasta dar con lo que busco: una bayoneta de algo más de treinta centímetros, rescatada de las mismas trincheras de 1914. Limpia y afilada. Como nueva. Ya le había echado el ojo hará un par de semanas. Supongo que sólo esperaba el momento adecuado para hacerme con ella. Y ese momento ha llegado.</p>
<p>MAURICE: Buena elección.</p>
<p>YO: ¿Cuánto?</p>
<p>MAURICE: 30 para ti. Si me aprietas, 25. No puedo bajar más.</p>
<p>No regateo.</p>
<p>Regreso a mi apartamento con una extraña sensación en la boca del estómago. Soy feliz o algo parecido, y me siento seguro y fuerte. Si vuelvo a encontrarme con Otto, no me pillará desprevenido.</p>
<p>Bajo al metro.</p>
<p>Una y otra vez, acaricio con mi pulgar el filo del puñal ignorando las miradas esquivas de los demás pasajeros.</p>
<p>Nadie se sienta a mi lado.</p>
<p>La llamaré <em>Rosalie</em>, como hacían los reclutas  franceses de la <em>Grand Guerre</em>.</p>
<p><em>Rosalie, mon amour. </em></p>
<p align="right">(7, <em>rue du Peuplier</em>; 13:45 p.m.)</p>
<p>En casa, despliego mi pequeño arsenal sobre la cama y compruebo que todo esté en orden de revista.</p>
<p>Enzo me mira desde un rincón con una curiosa expresión en la cara, entre la incredulidad y la compasión. Se acerca, toma entre sus dedos índice y pulgar uno de los pantalones de neopreno y suelta: &#8220;¿Te vas de pesca?&#8221;.</p>
<p>&#8220;De caza&#8221;, digo negando con la cabeza.</p>
<p>Se encoje de hombros.</p>
<p>&#8220;¿Vienes esta noche al Corbeau?&#8221;, pregunta sin demasiado entusiasmo. &#8220;La Gran Despedida. Estarán todos.&#8221;</p>
<p>Es su última noche en Bruselas. Ya tiene los billetes para Perugia y el equipaje hecho. Sólo queda la preceptiva borrachera de fin de curso. Un polvo de última hora, tal vez.</p>
<p>&#8220;Claro&#8221;, digo. &#8220;No me lo perdería por nada del mundo&#8221;.</p>
<p align="right">(13, <em>rue du Magasin</em>; 18:00 p.m.)</p>
<p align="right">
<p>Cuando llego a la parada de Yser, Jesús y Rosa ya están allí.</p>
<p>&#8220;Tenemos que hablar, chicos&#8221;, digo. &#8220;Esto se está saliendo de madre&#8221;.</p>
<p>Jesús me mira, incrédulo. Rosa nos mira a ambos.</p>
<p>JESÚS: No querrás dejarlo ahora, ¿verdad?</p>
<p>YO: Tal vez sea lo mejor. Hay demasiada gente implicada. No sé lo que puede pasar.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>ROSA: ¿Otto?</p>
<p>YO: (<em>Suspiro</em>). Otto.</p>
<p>Mi amigo me toma del brazo y me obliga a caminar junto a él en dirección al <em>boulevard </em>D´Anvers. Sonríe. &#8220;Venga ya, J.&#8221;, dice. &#8220;Ya somos mayorcitos. Podemos cuidar de nosotros mismos, ¿no te parece?&#8221;.</p>
<p>YO: No lo conoces. Es una mala bestia.</p>
<p>JESÚS: Es un puto pirado. Un <em>clochard</em>. Nada más.</p>
<p>YO: Sabe cosas, tío. Lo del <em>cd</em>, el mapa&#8230; Lo sabe.</p>
<p>JESÚS: Pero eso es imposible.</p>
<p>YO: Eso mismo pensaba yo. Pero es un hecho: el tipo está en el ajo.</p>
<p>Nos detenemos.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>JESÚS: O sea que hablas en serio.</p>
<p>YO: Tuve una &#8220;breve charla&#8221; con él hace unos días cuando volvía a casa. Una experiencia memorable. Luego, descubrí que había intentado entrar en mi apartamento.</p>
<p>JESÚS: No jodas.</p>
<p>YO: Todavía me tiemblan las piernas.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Jesús y Rosa intercambian una larga mirada en la que creo adivinar un atisbo de duda o miedo. &#8220;La cosa se pone interesante&#8221;, dice él. Ella asiente. &#8220;Habrá que andarse con ojo&#8221;.</p>
<p>Reemprendemos la marcha.</p>
<p>Ahora es Rosa la que tira de mí calle arriba. &#8220;Espera a ver lo que tenemos. Luego preparamos un plan de choque&#8221;.</p>
<p>YO: ¿Plan de choque?</p>
<p>JESÚS: Contravigilancia.</p>
<p>ROSA: Localizamos al tipo y seguimos sus pasos: dónde duerme, por qué zona se mueve, con quién se relaciona, etc. Eso nos dará cierta ventaja.</p>
<p>JESÚS: Y evitaremos sorpresas desagradables. Piénsalo. Si sabe algo más que nosotros, tal vez pueda darnos alguna pista.</p>
<p>YO: Estáis locos. Locos de atar.</p>
<p>Me doy por vencido.</p>
<p>Ahora sé que es inútil mantenerlos al margen, pero al menos ya saben con quién están tratando. Por supuesto, la idea de vigilar a Otto me parece descabellada. ¿<em>Los Cinco contra el Hombre del Saco</em>? ¿A qué estamos jugando? Y, sin embargo, no deja de haber cierta lógica en el plan. Una lógica peligrosa, claro.</p>
<p>En fin, he hecho lo que he podido. Ya son mayorcitos.</p>
<p align="center">(&#8230;)</p>
<p align="center">
<p>Torcemos en la esquina con la <em>rue</em> Magasin y nos detenemos frente al número 13: una modesta construcción de dos pisos en ladrillo visto con cierto aire victoriano. Jesús llama al portero electrónico: 2-A. Una voz metálica responde algo ininteligible. &#8220;Somos nosotros, Alex&#8221;, aclara mi amigo. La puerta se abre. Entramos.</p>
<p>Subimos por una tortuosa escalera de madera hasta el rellano del segundo, donde nos espera el tal Alex. Se trata de un tipo alto y desgarbado, inquietantemente delgado y con aspecto de no haber dormido en años. Luce ojeras de yonqui y un corte de pelo imposible que debió de estar de moda entre los <em>punks</em> del Soho allá por el 77; botas militares, pantalones de pitillo y una camiseta raída y estampada con un explícito <em>HATE ME</em>. En los dedos índice y anular de su mano izquierda, sendos anillos en forma de calavera. Calaveras también en su cinturón y colgando de su cuello, y en sus brazos tatuados hasta la extenuación.</p>
<p>Otro puto enamorado de la muerte. Haría buenas migas con Liz.</p>
<p>&#8220;¿Eres J.?&#8221;, pregunta a bocajarro.</p>
<p>Asiento.</p>
<p>Me estudia durante unos segundos. Luego dice: &#8220;Tenía ganas de conocerte, tío. Te estás convirtiendo en toda una celebridad, ¿lo sabías?&#8221;.</p>
<p>&#8220;No me jodas&#8221;, digo.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Jesús carraspea, incómodo.</p>
<p>Al fin, nuestro anfitrión se da media vuelta y nos indica con un gesto displicente que le sigamos.</p>
<p>El apartamento es pequeño y oscuro, y huele a aguarrás. Hay lienzos amontonados en cada rincón, tarros con pinceles y espátulas, pliegos de papel de dibujo y esbozos al carbón cubriendo todas las paredes. El escaso mobiliario se reduce a un sofá-cama, un par de sillas, una mesita baja y una estantería atestada de libros. Sobre una mesa de camping, un pequeño equipo de música y un portátil. No hay televisión.</p>
<p>Aquí y allá, amuletos, piedras decoradas con extraños jeroglíficos, cruces invertidas y demás cacharrería ocultista.</p>
<p>&#8220;Sentaos donde podáis&#8221;, dice Alex. &#8220;No tengo café, pero puedo ofreceros un té si queréis&#8221;.</p>
<p><em>&#8220;Ok&#8221;</em>, dice Jesús y el tipo desaparece. Lo oímos trastear en la cocina mientras tararea <em>Somewhere over the rainbow</em> de El mago de Oz.</p>
<p>Miro a mi amigo y susurro: &#8220;¿De dónde ha salido este tipo?&#8221;.</p>
<p>Se encoge de hombros.</p>
<p>Mientras hierve el agua, tengo tiempo de curiosear un poco.</p>
<p>Por lo que puedo ver de su obra, Alex cultiva un estilo neosimbolista y algo barroco en sus formas, y de temática delirante: predominan las arquitecturas góticas, invariablemente localizadas en parajes desolados y crepusculares, y las atmósferas opresivas en tonos grises y azules; y las figuras femeninas melancólicas y exangües al estilo de Delvaux, envueltas en los vaporosos tules de las vampiresas decimonónicas. Hay sus catedrales, torreones y cementerios abandonados, y sus jardines de trazado imposible; y hasta una ciudad sumergida. Y murciélagos y lobos y lechuzas&#8230; El catálogo al completo de los monstruos de la razón.</p>
<p>En sus mejores momentos, recuerda a Böcklin.</p>
<p>En los peores, a los ilustradores de las novelas de Anne Rice.</p>
<p>Su biblioteca me parece más interesante. Junto a los inevitables Sade, Genet, Bataille, etc, doy cuenta de una más que estimable colección de primeras ediciones e incunables por valor de varios cientos de euros, si no miles: tratados de magia y alquimia de los siglos XVI y XVII, un par de bestiarios medievales, una edición <em>princeps</em> del <em>Tratado sobre los vampiros</em> del padre Calmet, el <em>Bruxelles mystérieux</em> de Paul de Saint-Hilaire&#8230;</p>
<p>Un bibliófilo con vocación de maldito. Quién lo iba a decir.</p>
<p>Cuando nuestro anfitrión vuelve con el té, me sorprende hojeando un ejemplar del  <em>Liber legis</em> de Aleister Crowley.</p>
<p>&#8220;No puedes esperar, ¿eh?&#8221;, me dice ofreciéndome un vaso humeante.</p>
<p>Devuelvo el libro a su lugar y sólo entonces reparo en un pequeño frasco de cristal, colocado en una de las baldas superiores junto a un pisa-papeles en forma de calavera <em>made in Taiwan</em>. En su interior, creo distinguir una especie de tubérculo de proporciones inquietantes sumergido en un líquido amarillento.</p>
<p>Alex parece leer mis pensamientos: &#8220;Raíz de Jaime I, el Conquistador. Para el mal de amores. ¿Te interesa?&#8221;.</p>
<p>Niego con la cabeza.</p>
<p>YO: No me va este rollo.</p>
<p>ALEX: ¿A qué te refieres exactamente?</p>
<p>YO: Ya sabes. Abracadabra pata de cabra y toda esa mierda. Brujería. No me lo creo.</p>
<p>ALEX: (<em>Arqueando una ceja. Irónico</em>). ¿Brujería?</p>
<p>YO: Lo que sea.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>ALEX: Lo que tú llamas &#8220;brujería&#8221;, otros lo llamamos &#8220;ciencia&#8221;.</p>
<p>YO: Ciencia. Ya.</p>
<p>ALEX: Conocimiento. Un saber antiguo, anterior a todas las religiones y que ni siquiera dos mil años de cristianismo han sido capaces de enterrar.</p>
<p>YO: Y ahora me vas a decir que el diablo existe y es el único dios verdadero, ¿no es eso?</p>
<p>ALEX: Lucifer es sólo un avatar del hombre de ciencia. El portador de la luz. Un primer estadio en el camino hacia el conocimiento universal y la reconciliación del hombre con su propia naturaleza. Nada que ver con el azufre y la cola en punta de flecha. (<em>Deja pasar unos segundos mientras enciende un cigarrillo. Sacude la cabeza y sonríe con cierto aire de condescendencia</em>). La Iglesia se ocupó durante siglos de <em>satanizar</em> aquello que no comprendía o ponía en peligro su monopolio espiritual. Era el mal, así de simple. Lógico, ¿no? Y destruyó santuarios, persiguió a los depositarios de las antiguas tradiciones y condenó a la hoguera a muchos hombres y mujeres sabios.</p>
<p>YO: ¿Pero?</p>
<p>ALEX: Pero el saber sobrevivió. Oculto. Transmitido de generación en generación a través de oscuros arcanos y símbolos. Y gracias a unos pocos iniciados, gente sin miedo y sin prejuicios, aún es posible soñar con un mundo libre de la tiranía de los mansos. Un mundo de hombres sabios. Y poderosos.</p>
<p>YO: ¿Poderosos? (<em>Me pongo en guardia. La cosa empieza a olerme a chamusquina</em>). Explícate.</p>
<p>ALEX: La conciencia universal es un acto supremo de la voluntad. Un acto de poder. El dominio de la materia a través del espíritu y del espíritu a través de la materia.</p>
<p>YO: Sustituir a Dios.</p>
<p>ALEX: El viejo sueño de los alquimistas. ¿No has leído el <em>Fausto</em>?</p>
<p>YO: Creía que sólo buscaban fabricar oro.</p>
<p>ALEX: El oro, la Piedra Filosofal, el <em>Aleph</em>&#8230; Todo es uno y lo mismo. Formas distintas de referirse a la misma realidad. Símbolos, ya te lo he dicho.</p>
<p>YO: Y tú eres uno de los iniciados, ¿no es eso?</p>
<p>ALEX: Estoy en el camino. Nada más. Como vosotros, aunque aún no lo sepáis.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>No sé qué pensar de toda esta cháchara ocultista. O sí, pero no me atrevo a decirlo en voz alta.</p>
<p>Jesús rompe el hielo: &#8220;Querías enseñarnos algo, ¿no, Alex?&#8221;.</p>
<p>ALEX: Claro. (<em>Sorbe su té ruidosamente y deja pasar unos segundos con la mirada fija en la punta de su cigarrillo</em>). Con dos condiciones.</p>
<p>YO: Dispara.</p>
<p>ALEX: La primera es que quiero participar de esta historia. Activamente. Me tendréis al tanto de los progresos y yo haré lo propio mientras investigo por mi cuenta. Quiero bajar al laberinto si es que existe realmente y damos con el modo de hacerlo. Quiero estar ahí si encontramos algo. No puedo perdérmelo. He estado esperando algo así toda mi vida.</p>
<p>YO: ¿Y la segunda?</p>
<p>ALEX: Quiero una copia de vuestro mapa.</p>
<p>Jesús mira a Rosa y luego me mira a mí. Asiento.</p>
<p>JESÚS: Hecho.</p>
<p>&#8220;De puta madre&#8221;, exclama Alex. Acto seguido, apaga su cigarrillo sobre un cenicero que recuerda vagamente a un cáliz, rescata un grueso volumen de su biblioteca y lo deposita con sumo cuidado en la mesita baja, frente a nosotros.</p>
<div id="attachment_290" class="wp-caption alignleft" style="width: 249px"><img class="size-full wp-image-290" title="Cartographie de l´inconnu " src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/09/book.jpg" alt="Cartographie de l´inconnu" width="239" height="357" /><p class="wp-caption-text">Cartographie de l´inconnu</p></div>
<p>&#8220;¿Un libro?&#8221;, digo.</p>
<p>ALEX: Hay libros y libros. Éste lo encontré en París, en la Shakespeare &amp; Co. Está descatalogado, así que me costó una pasta. No le había prestado demasiada atención hasta que leí tu <em>blog</em>. Entonces, todo empezó a tener sentido.</p>
<p>Leo la cubierta: <em>Cartographie de l´inconnu</em> por Jean-Baptiste Ducasse (ed.), fechado en Lyon en 1969.</p>
<p>Lo hojeo por encima. Se trata de una colección de reproducciones de mapas antiguos y de dudosa veracidad que incluye desde las famosas cartas de navegación de Piri Reis hasta el controvertido <em>Mapa de Vinland</em>, pasando por representaciones más o menos <em>documentadas </em>(sic) de la Atlántida o el legendario continente de Mu. Ya conocía algunos.</p>
<p>&#8220;Página 103&#8243;, apunta Alex. &#8220;Es lo que ocurre con los libros. Tienen su momento. Y, hasta que éste llega, no acaban de dejarse leer&#8221;.</p>
<p>Llego a la página indicada. <em>Bruxelles (c. 1300). Auteur inconnu</em>. Casi lo esperaba: una vista panorámica de la ciudad medieval, apenas un esbozo a sanguina proyectado con el detallismo y la peculiar falta de perspectiva propia de los maestros antiguos. A pesar del evidente deterioro de la copia, puedo distinguir el trazo de la antigua muralla en torno a la abigarrada arquitectura de la villa y los incontables canales formados por el caprichoso curso del Senne. Incluso me parece reconocer el pórtico de Sainte-Catherine a un tiro de piedra de la <em>Tour Noire</em>.</p>
<p>Lo interesante, sin embargo, se encuentra en la zona delimitada por los contornos apenas visibles de la Grand Ile; esto es: una segunda muralla interior, de factura algo más tosca y coronada por cinco torres idénticas como vértices de un pentágono trazado a cordel alrededor de lo que debió de ser Saint-Géry. La antigua capilla.  Sobre cada una de dichas torres, el artista anónimo ha incluido la figura de una especie de ángel portando una espada flamígera y unas llaves, y una breve leyenda en letra gótica: MICAEL, SALTIEL, URIEL, BALAQUIEL y JEHUDIEL, en el sentido de las agujas del reloj.</p>
<p>Todo me suena demasiado familiar y, a la vez, extraño.</p>
<p>Leo la entrada del editor:</p>
<p><em>Muy poco es lo que se sabe de este curioso documento. El original, que a día de hoy forma parte del fondo de la </em>Beinecke Library<em> de la Universidad de Yale, fue donado a la egregia institución por un benefactor anónimo en 1954. Todo parece indicar que se trataría de un esbozo preparatorio para un tapiz -o &#8220;cartón&#8221;-. Se desconocen, sin embargo, la identidad del autor o autores de la obra así como su procedencia y la fecha exacta de su composición; si bien los estudiosos han convenido en datarla en torno al 1300, coincidiendo con el auge de la industria textil en los Países Bajos. </em></p>
<p><em>Más allá de su indudable valor artístico, la incluimos aquí por tratarse de una de las escasísimas representaciones existentes hasta la fecha -y, con mucho, la más detallada- de la legendaria capilla de Saint-Géry, lugar que la tradición asocia a la fundación de la ciudad pero cuya realidad histórica aún no ha sido probada.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Todos callamos.</p>
<p>Alex sonríe.</p>
<p>&#8220;Las cinco torres&#8221;, digo al fin. &#8220;Aquel texto, la <em>Cronica Bruxellensis</em>, hablaba de cinco torres. Las cinco entradas a la cueva del dragón&#8221;.</p>
<p>JESÚS: Parece que esto confirma nuestra teoría.</p>
<p>ROSA: Cinco puertas <em>selladas</em>.</p>
<p>YO: Eso es. El pentágono.</p>
<p>ALEX: Bingo. La gente de aquí aún llama a la ciudad vieja <em>le pentagon</em>. También la geometría tiene su mística, ¿no es cierto? Fijaos. (<em>Se inclina sobre el libro y ensaya un trazo imaginario sobre la página</em>). Uniendo los vértices del pentágono obtenemos una estrella de cinco puntas que, a su vez, lleva inscrito en su centro un nuevo pentágono. Teóricamente, podríamos repetir la operación hasta el infinito. Interesante, ¿no? La estrella o <em>pentáculo</em> es un símbolo de protección que ha sido utilizado en rituales mágicos desde tiempos inmemoriales.</p>
<p>ROSA: Un conjuro.</p>
<p>ALEX: O una advertencia: PROHIBIDO EL PASO. No andabais muy descaminados.</p>
<p>YO: ¿Y estas figuras?</p>
<p>ALEX: Arcángeles. El brazo armado de Dios.</p>
<p>JESÚS: Guardianes.</p>
<p>ALEX: Tú lo has dicho. Micael es San Miguel, el gran jefe. Expulsó a Satanás de los cielos. Los demás no pertenecen estrictamente a la tradición ortodoxa de la Iglesia. No hay rastro de ellos en la Biblia oficial. Sólo aparecen en los evangelios apócrifos. En mi opinión, esto refuerza el carácter hermético del documento.</p>
<p>YO: ¿Qué quieres decir?</p>
<p>ALEX: El autor alude al secreto sin revelarlo. Como si hubiera concebido su obra como un mensaje cifrado para unos pocos entendidos.</p>
<p>YO: Y en estos cinco nombres se encuentra la clave.</p>
<p>ALEX: Tal vez. En cualquier caso, es un punto de partida.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>JESÚS: Joder. Es la hostia. Genial.</p>
<p>&#8220;¿Más té?&#8221;, dice Alex. Y enciende otro cigarrillo.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Un jodido folletín</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Aug 2009 21:46:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>J.</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Temporada 1]]></category>

		<category><![CDATA[CD]]></category>

		<category><![CDATA[Colaboracionistas]]></category>

		<category><![CDATA[Documentos]]></category>

		<category><![CDATA[Nazis]]></category>

		<category><![CDATA[Otto]]></category>

		<category><![CDATA[Societé Irminsul]]></category>

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		<description><![CDATA[3 de junio de 2009
(7, rue du Peuplier; 07:55 a.m.)
Suena el móvil.
Despierto con el corazón en un puño y busco a tientas el interruptor de la luz.
No hace falta: ya es de día.
(Me he quedado dormido frente al ordenador. Me escuecen los ojos y tengo un hombro y parte del cuello entumecidos. El cenicero rebosa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_277" class="wp-caption alignleft" style="width: 293px"><img class="size-full wp-image-277" title="Suena el teléfono" src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/08/suena-telefono.jpg" alt="Suena el teléfono" width="283" height="212" /><p class="wp-caption-text">Suena el teléfono</p></div>
<p>3 de junio de 2009<br />
(7, rue du Peuplier; 07:55 a.m.)</p>
<p>Suena el móvil.<br />
Despierto con el corazón en un puño y busco a tientas el interruptor de la luz.<br />
No hace falta: ya es de día.<br />
(Me he quedado dormido frente al ordenador. Me escuecen los ojos y tengo un hombro y parte del cuello entumecidos. El cenicero rebosa de colillas).<br />
<em>Merde!</em><br />
Contesto.<br />
YO: ¿S&#8230; Sí&#8230;? <em> Allô ?</em><br />
JESÚS: Tenemos algo.<br />
YO: ¿Jesús?<br />
JESÚS: Sí, tío. ¿Estabas dormido o qué?<br />
YO: Joder&#8230; Dime que no son las ocho de la mañana.<br />
JESÚS: Casi. ¿Resaca?<br />
YO: Negativo. He pasado la noche estudiando. Más o menos. (<em>Echo un rápido vistazo a mis apuntes de Estética: como me temía, no he pasado de la página 3</em>). Se supone que tengo un examen&#8230; Exactamente dentro de cinco minutos.<br />
JESÚS: Oh-oh.<br />
YO: Olvídalo. ¿Recibiste mi mensaje?<br />
JESÚS: Sí. Lo siento. He estado muy liado. Una campaña de la hostia para Microsoft. Te haces cargo, ¿no?<br />
YO: Claro.<br />
JESÚS: Mira&#8230; Sé que es muy temprano, pero no podía esperar para decírtelo: hay novedades, ¿vale? Ayer conocí a un tipo que&#8230; En fin, lo mejor es que lo veas por ti mismo. Vas a flipar. Accedió al <em>blog</em> a través de Hispagenda. Es de Madrid, pintor. Lleva un par de años viviendo aquí. Por lo visto, coincidimos en alguna exposición y le di mi teléfono. Leyó toda la historia, me llamó y&#8230; <em>Voilá!</em> ¿Qué me dices? La estrategia ha funcionado.<br />
YO: De eso precisamente quería hablarte.<br />
JESÚS: Ya. Ahora no puedo enredarme. Tengo que entrar al trabajo. ¿Nos vemos el sábado?<br />
YO: Ok.<br />
JESÚS: A las 18:00 en la boca de metro de Yser. Vas a flipar, tío. Te lo aseguro.</p>
<p>(&#8230;)<br />
<span id="more-276"></span></p>
<p>Me doy una ducha y vuelvo a sentarme frente al ordenador.<br />
A la mierda el examen.<br />
Abro el <em>cd</em> de Fred, repaso los archivos VII, VIII y IX, y doy los últimos retoques al esquema que he esbozado en mi cuaderno de notas: una especie de historia secreta de los Jamaer con tintes de folletín decimonónico.<br />
Indicios. Hipótesis.<br />
Todo demasiado&#8230; Perfecto.<br />
(¿No me estaré dejando llevar por mi imaginación? Supongo que ya es tarde para ser objetivo).<br />
Escribo:<br />
a)    Indicios.<br />
Hasta mi entrevista con la teniente Strauven, era incapaz de establecer una conexión lógica entre el diario y el mapa adjunto (archivos XI y XIX), y Fred. Que unos documentos de tal calibre hubieran llegado a sus manos se me antojaba una posibilidad más que remota. Inverosímil.<br />
¿Cómo? ¿Por qué?<br />
<em>Miss</em> Policía Federal, sin embargo, me dio la clave. Sin querer.<br />
Marguerite. La señorita Jamaer. Madre soltera.<br />
La abuela de Fred.<br />
Aun sin tener ni idea de alemán, constato que aquel nombre (Marguerite, a secas) se repite insistentemente en las últimas páginas del diario. A partir de ahí, y con la nueva información, el material contenido en los archivos VII, VIII y IX adquiere un nuevo significado.</p>
<p>Archivo VII: media docena de fotografías de época.<br />
Foto 1) Una merienda campestre, tal vez en el Forêt de Soignes, en la que posan un par de sonrientes oficiales de las <em>SS</em> y otras tantas jovencitas con aire de <em>pin-ups</em> primerizas. Queso <em>gruyere</em> y vino.<br />
Foto 2) Un desfile. Vista panorámica de la Grand Place, festoneada de estandartes de la <em>Wehrmacht</em> y cruces gamadas; y, en primer plano, dos de los protagonistas de la foto anterior: el oficial, sacando pecho, y la muchacha/novia/amante orgullosa.<br />
Fotos 3 a 5) De nuevo la misma pareja: tomando un helado/ensayando unos pasos de baile bajo la bóveda de cristal de las Galeries Saint-Hubert/del brazo, ante la fachada del Hotel Métropole.<br />
Foto 6) La única que ha sido escaneada por ambas caras. En el anverso, la misma muchacha sentada en la terraza de un café: tirabuzones anacrónicos y falda de tubo. Sonrisa perfecta. En el reverso, unas líneas en pulcra y elegante caligrafía: <em>Ma chère Marguerite, la fleur des marais</em>. Firmado: Heinrich.</p>
<p>(Marguerite &amp; Heinrich: la flor de los pantanos y el ángel de la muerte. Un amor prohibido en tiempos convulsos. Siempre nos quedará Bruselas, etc.)</p>
<div id="attachment_279" class="wp-caption alignleft" style="width: 291px"><img class="size-full wp-image-279" title="¡Denunciad a los colaboracionistas!" src="http://www.comocazarundragon.com/wp-content/uploads/2009/08/journal.jpg" alt="journal" width="281" height="361" /><p class="wp-caption-text">¡Denunciad a los colaboracionistas!</p></div>
<p>Archivo VIII: una página del diario <em>Liberation Soir</em>, fechada el 9 de diciembre de 1944. Baja resolución: el texto es prácticamente ilegible. El titular a cuatro columnas, sin embargo, no deja lugar a dudas: DENUNCIAD A LOS COLABORACIONISTAS!  Una fotografía muestra a un grupo de personas rodeando a una muchacha. Un fornido mocetón, mostacho y gorra proletaria, la sostiene por el brazo. Está descalza. Sucia. A pesar de su cabeza rapada al cero y sus ropas desgarradas, no me cuesta reconocerla: es la misma muchacha de las fotografías anteriores; Marguerite, sin duda. Las mejillas hundidas. La mirada perdida más allá del dolor y la vergüenza. Sobre su pecho izquierdo, que asoma impúdicamente entre los jirones de su blusa, alguien ha grabado a cuchillo una esvástica. Botín de guerra.</p>
<p>(Algo había leído sobre el destino de las mujeres colaboracionistas. Pero enfrentarme a ello cara a cara es otra cosa. No puedo evitar sentir asco y rabia, y algo muy parecido a la culpa. Imagino a la familia destrozada, marcada. La huida de la ciudad, a escondidas y en plena noche. ¿A Ottignies, tal vez? Y los años de oprobio y silencio. El trato carnal con el diablo siempre fue el peor de los pecados. ¿Cómo borrarlo?)</p>
<p><em>Archivo IX: dos cartas manuscritas, fechadas en Berlín los días 28 y 29 de abril de 1945 respectivamente y firmadas por Heinrich Von Bauer, ex </em><em>SS-Hauptsturmführer. Están escritas en un francés tosco pero correcto.<br />
Carta 1) </em><em>Mi querida Marguerite:<br />
Todo está perdido. Berlín caerá en un par de días como mucho, tal vez menos. Desde mi &#8220;celda&#8221;, una habitación en el tercer piso del Hotel Ellington que comparto con otros oficiales traidores al Reich, contemplo el ir y venir de las patrullas de voluntarios e imagino el inminente desastre. La última línea de defensa está formada por críos de las Hitlerjugend y gentes sin la mínima instrucción militar. Carne de cañón, como suele decirse. Se rumorea que el alto mando se ha atrincherado en el bunker de la Cancillería y que el mismo Führer ha dado orden de resistir allí a sangre y fuego hasta el último día y el último hombre. Pero esto es un pobre consuelo. El sueño de mil años de paz se ha derrumbado y no habrá gloria para los vencidos.<br />
Mañana compareceré ante el consejo de guerra. Dadas las circunstancias, espero un juicio sumarísimo y una más que probable condena a muerte. No me importa. No tengo miedo. Desde el momento en que perdí a mis hombres y abandoné mi misión, sellé mi destino. Mi deber, en estos momentos, es morir frente a un pelotón de fusilamiento alemán, sobre esta tierra sagrada. Por eso volví, a pesar de tus lágrimas y mis remordimientos. No espero que lo comprendas, pero no quiero vivir como un desertor. No podría perdonármelo.<br />
Recibí tu última carta en Hannover. La guardo como un pequeño tesoro, junto a mi corazón, y allí permanecerá hasta el último momento pues es lo único que me queda de ti.<br />
No puedo imaginarme los padecimientos que has tenido que soportar en estos meses. Apenas mencionas nada en tu carta, lo cual te agradezco sinceramente, pero conozco demasiado bien la crueldad de los hombres como para hacerme ilusiones. ¡Mi tierna florecilla! ¿Qué será de ti? Cometimos el pecado de no ocultar nuestro amor y eso es algo imperdonable en tiempos de odio y penuria.<br />
En cualquier caso, tengo que alabar tu coraje. Que hayas decidido seguir adelante y tener a nuestro hijo, a pesar de todo y de todos, es para mí una señal inequívoca de la profundidad de tus sentimientos. La última y definitiva prueba de amor entre tantas como me diste. ¡Y que no pueda estar yo allí para corresponder a tamaño sacrificio! Pero así son las cosas. Hemos de afrontar nuestro destino.<br />
Armand es un buen nombre. Si así lo has decidido, que así sea. Sólo espero que sepas guardar su inocencia en los tiempos oscuros que se avecinan y crezca fuerte y libre, y llegue un día en que pueda honrar la memoria de su padre sin rencor y sin vergüenza.<br />
Tengo que dejarte. Volveré a escribirte en cuanto me sea posible.<br />
Tuyo siempre,<br />
Heinrich Von Bauer, etc.</em></p>
<p>Carta 2) <em>Mi querida Marguerite:<br />
Esta es la última carta que recibirás de mí. Mañana, al amanecer, seré fusilado. No hay perdón para los traidores: es lo justo. Pero yo moriré de pie y mirando a los ojos a mis asesinos como un verdadero alemán. Hice lo que creí que debía hacer y, si obré por mi cuenta, fue sólo porque el destino así lo dispuso. Sacrifiqué a mis hombres, es cierto, pero tal vez salvé a muchos otros. No fue una decisión fácil. Tú lo sabes, con eso me basta.<br />
Puedo oír claramente las descargas de la artillería enemiga. Muy cerca. Mis compañeros de celda entretienen sus últimos momentos jugando a las cartas, hablando de sus familias y aguardando un improbable milagro. Si los rusos toman la ciudad en las próximas horas, piensan, tal vez tengamos una oportunidad de sobrevivir. Pero, ¿a qué precio? ¿Qué futuro nos esperaría en manos de esos salvajes? La proximidad de la muerte lleva a algunos hombres a albergar extrañas esperanzas.<br />
Me pregunto qué habría sido de nosotros en otras circunstancias. ¿Habríamos llegado a conocernos de no ser por esta guerra perdida de antemano? Los dioses gustan de la ironía. Nos ofrecen sus dones cuando poco o nada podemos hacer por retenerlos. Tal vez no fuimos creados para ser felices.<br />
¡Pero basta de filosofías&#8230;! Mañana acabará todo. No hay más que decir. Sólo adiós.<br />
Armand, hijo mío, perdóname.<br />
Marguerite, mi amor, perdóname tú también y recuérdame como el hombre dichoso que fui a tu lado.<br />
Adiós. Adiós. Adiós.<br />
Tuyo siempre,<br />
Heinrich Von Bauer, etc.<br />
P.S. Guarda aquello que te confié en lugar seguro. Espero, por tu bien y el de tus compatriotas, que no haya que sacarlo a la luz en el futuro, pero ¿quién sabe? Tal vez sea necesario si aquel horror vuelve a manifestarse en alguna forma. Entonces, serás tú la que tenga que decidir. Ojalá no llegue ese momento.</em></p>
<p>(Un jodido folletín. ¿No lo dije?)</p>
<p>b)    Hipótesis.<br />
De todo lo anterior, se deduce que el tal Heinrich, SS-Hauptsturmführer (algo así como capitán), estuvo destinado en Bruselas durante la ocupación con objeto de llevar a cabo algún tipo de misión que no se especifica. Entre tanto, tuvo tiempo de establecer una relación sentimental con Marguerite Jamaer, la abuela de Fred, y dejarla embarazada. Cuando la misión se torció de alguna manera sobre la que tampoco se dan demasiados detalles, el oficial hubo de abandonar precipitadamente la ciudad y a su amante no sin antes confiarle a ésta <span style="text-decoration: underline;"><em>aquello</em></span> a lo que hace referencia en la posdata de la carta 2: presumiblemente, su diario y el mapa adjunto. Suponiendo que Armand, el fruto de esta relación clandestina, fuera efectivamente Armand Jamaer, el padre de Fred, es plausible pensar que los documentos pasaran de las manos de Marguerite a las de su hijo y de éstas a las de Fred.<br />
Todo encaja.<br />
Quedan, sin embargo, muchos cabos sueltos:<br />
-¿Guarda la desaparición de Fred alguna relación con todo esto?<br />
-¿Qué pinta la <em>Societé Irminsul</em> en este embrollo? ¿Y Otto?<br />
-¿Qué ocurrió con la misión de Heinrich? ¿Quién o qué le obligó a huir? Y, sobre todo, ¿a qué se refiere cuando habla de &#8220;aquel horror&#8221;? ¿QUÉ COJONES ENCONTRARON AHÍ ABAJO?</p>
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