
- Sainte-Catherine
(Tríptico al estilo de Francis Bacon)
8 de abril de 2009
(uno: paisaje con figuras/Sainte-Catherine, 9:15 a.m.)
Liz se retrasa.
Recorro una y otra vez el Quai Aux Briques con la cabeza en las nubes y una extraña sensación en la boca del estómago. No sé si es miedo, pero se le parece. Subo las solapas de mi abrigo y me abotono hasta el cuello, aunque no hace frío, y enciendo el tercer cigarrillo de la mañana.
Hay jaleo junto al pórtico de Sainte-Catherine. Los mendigos discuten por cualquier cosa, a viva voz, y los turistas evitan la escena como un rebaño de ovejas asustadas. Alguno toma fotos. Color local.
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Sadomasoquismo telefónico
7 de abril de 2009
(7, rue Peuplier; 22:45 p.m.)
Easter.
Si mi vida no se hubiese convertido en un completo desastre, en estos momentos estaría tomando un vuelo para la madre patria con una maleta cargada de cachivaches para turistas bajo el brazo y mi mejor sonrisa estilo hijo-pródigo-que-vuelve-a-casa.
Todavía no sé cómo he tenido el valor de devolver mi billete.
¿Estaré perdiendo el juicio?
(Sesión de sadomasoquismo telefónico con mamá:
MAMÁ: (En guardia). ¿No podías habernos avisado con más tiempo? Tu hermano ha venido de Madrid sólo para verte.
YO: Lo siento, mamá. De verdad.
MAMÁ: (Falsa retirada). Ya.
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Café au Soleil
5 de abril de 2009
(7, rue du Peuplier; 11:05 a.m.)
Los días pasan sin dejar huella.
Voy a clase lo justo. Estudio algo menos.
Nada nuevo de Fred.
(Café Soleil, 17:00 p.m.)
Me encuentro con Liz en el Soleil.
Hace días que no la veo. Tiene la excusa perfecta, desde luego: los del MAAC se han interesado en su trabajo y está liadísima acabando de editar unos vídeos. “Es posible que pueda exponer algo de aquí a unas semanas”, me dice. “Cool“, digo yo. Y conecta su portátil para adelantarme algo.
(… paisajes abstractos en blanco, negro y gris con banda sonora de Arvo Part: un bucle de sombras apenas esbozadas y vagamente humanas que se atraen y repelen en una especie de danza sin sentido: ceniza y materia en descomposición: aquí una mano de dedos larguísimos, allí unos ojos vacíos y una boca que balbucea palabras en una lengua olvidada, anterior a todas las lenguas: el largo y penoso esfuerzo de las formas por resolverse en plena existencia: principio y fin del tiempo…)
Aplaudo.
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Torre Negra
28 de marzo de 2009
(7, rue du Peuplier; 21:00 p.m.)
Hace una semana, después de haber buscado inútilmente a Fred por los pasillos de la Facultad un día sí y otro también, y patearme los bares y galerías del centro, estaba más que convencido de dar de baja al blog y dedicarme a otra cosa. Estudiar, por ejemplo.
(”Todo es mentira”, me repetía a mi mismo en plan mantra, decepcionado y confuso a partes iguales, mientras acababa de transcribir mi última conversación con Liz. Algo se había roto entre nosotros aquella noche, tal vez para siempre. Ya sólo quedaba levantar acta del desastre. “Ok, darling. Tú ganas. Se acabó”. Punto final.)
Hoy, sin embargo, pienso de otro modo. Han pasado cosas. Cosas a las que no presté demasiada atención en su momento pero que, vistas en perspectiva, conforman una especie de extraña causalidad.
Hoy, mal que me pese, tengo que volver a escribir.
Resumo:
El sábado siguiente a mi escenita con Liz, me presento en la fiesta de Mira, en el Corbeau, dispuesto a emborracharme y con la vaga esperanza de tropezarme con Fred y pedirle explicaciones. Por supuesto, no me da la ocasión. Fred es Fred.
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Rue Antoine Dansaert
13 de marzo de 2009
(L´Archiduc, 22:30 p.m.)
LIZ: Creí que habías muerto.
YO: Casi. ¿Y Fred?
LIZ: Ni idea. El muy capullo lleva toda la semana missing in action. Como tú, por cierto. No estaréis tramando nada a mis espaldas, ¿verdad?
YO: Me ofendes. ¿Recibiste el link?
LIZ: Yeah.
YO: ¿Y?
Silencio.
Se encoge de hombros.
No hace falta ser muy listo para saber que no le ha gustado mi trabajo. Demasiado clásico para su gusto, tal vez. O demasiado obvio. ¿Ingenuo? ¿Superficial? Nunca se sabe con Liz. Ella siempre está a la contra.
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