Heinrichs Tagenbuch (I)

Diario de Heinrich
13 de junio de 2009
(7, rue du Peuplier; 21:00 p.m.)
Reviso mi cuenta de correo.
Ingrid.
He estado esperando este mail durante semanas… Y, sin embargo, ahora…
(¿Tengo miedo?).
A poco más de veinticuatro horas de mi cita con Liz, no estoy seguro de necesitar más sorpresas. No quiero encontrarme con algo que no sea capaz de manejar y pensármelo mejor en el último momento.
No ahora.
No tan cerca.
(¿Estoy temblando?).
Pero la curiosidad me puede.
Voilá:
DE: Ingrid C. S.
PARA: J.
ENVIADO: 13 de junio de 2009, 11:34 h.
ASUNTO: Traducción.
Siento el retraso, cariño!!!
Me ahorraré un par de excusas que tenía preparadas e iré al grano (ya sabes cómo es mi vida, siempre de acá para allá y sin tiempo para nada: porca miseria; espero que no creyeras que me había olvidado de ti).
Te adjunto la traducción del texto que me enviaste. Tenías razón: es prácticamente ilegible. He hecho lo que he podido (¿suficiente?) y te aseguro que he sudado tinta para dar con algo más o menos coherente.
Como sospechabas, se trata de parte del diario de un oficial alemán destinado en Bruselas durante la ocupación. Un tal Heinrich.
La narración es bastante rocambolesca, por decir algo, pero supongo que tienes a mano los datos para descifrar su significado. Si es que hay algo que descifrar…
He incluido algunas notas que tal vez puedan ayudarte.
Tal vez adviertas ciertas incoherencias o lagunas en el texto. No es culpa mía: quien sea que escaneó el documento seleccionó ciertos fragmentos y obvió otros. Ya te habrás dado cuenta. Por si acaso, he señalado estos puntos así: (…).
Todo tuyo.
Espero que algún día podamos quedar para tomar un café y me cuentes en qué acaba todo esto. Se está poniendo muuuy interesante.
Besos.
Datos adjuntos: Heinrich Tagebuch, 1940-1944.
(…) de las autoridades locales.
En cualquier caso, no esperamos contratiempos significativos. Hasta donde es posible, los escasos focos de resistencia está controlados y la población civil, por lo general, ha acabado por aceptar nuestra presencia aquí como algo inevitable.
21 de octubre de 1940.
La última prospección, a unos 10,5 m. de la superficie, tampoco ha ofrecido resultados significativos. Hasta ahora, sólo hemos podido constatar la existencia de, al menos, tres niveles de cimentación correspondientes a otros tantos periodos históricos. Algo que, por otra parte, ya intuíamos. Los últimos restos hallados parecen datar de algún momento entre los siglos XII y XIII, pero no podremos asegurarlo hasta que no sean enviados a Berlín para su análisis.
22 de octubre de 1940.
Sin novedad.
He de confesar que empiezo a albergar ciertas dudas respecto de nuestra misión aquí y el empeño de herr Himmler en tan extraña empresa. Si bien mi lealtad al partido está fuera de toda duda, no es menos cierto que discrepo sustancialmente de ciertos presupuestos de la Ahnenerbe, en especial de esa deriva ocultista a la que últimamente parecen tan inclinados nuestros superiores.
Supongo que adolezco de un espíritu demasiado pragmático para tales disquisiciones. Al fin y al cabo, sólo soy un soldado.
Me consta, sin embargo, que herr Zweiffel, nuestro ingeniero, es de mi misma opinión. Él va más allá de lo que yo me atrevería nunca, desde luego, e incluso se permite despotricar de nuestro Reichsführer y sus “ínfulas mesiánicas”, y los “desvaríos de viejo chiflado” del profesor Rahn -siempre bajo la perniciosa influencia del schnapps, claro-.
La realidad, en cualquier caso, es que no hemos hallado nada parecido a esa especie de “lugar sagrado” al que herr professor hace referencia en su artículo. “La guarida del dragón” lo llama, y cito textualmente: “uno de los últimos santuarios de la Antigua Raza en los tiempos oscuros de la expansión del cristianismo. Una fuente cósmica de conocimiento y poder milenarios, hurtada a los hombres por el resentimiento y la superchería”.
¿A qué se refiere exactamente? He releído una y otra vez la vieja crónica que sirve de base a sus especulaciones y no he encontrado nada que pueda arrojar algo de luz sobre la verdadera naturaleza de nuestra tarea. En mi modesta opinión, no se trata más que de una burda ficción de nulo valor histórico. Un cuento de brujas para mentes incautas, nada más. ¿Qué pudo ver herr Rahn en semejante impostura? ¿Acaso se dejó llevar por un incomprensible y poco científico exceso de entusiasmo?
Esperemos que el tiempo ponga las cosas en su sitio.
(Nota de Ingrid: la Ahnenerbe, literalmente Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte Deutsches Ahnenerbe -Sociedad para la Investigación y Enseñanza de la Herencia Ancestral Alemana-, fue un organismo integrado en las SS con la finalidad de dar cierta base científica al mito de la raza aria y su supuesta supremacía. Esto, por supuesto, incluía desde los experimentos genéticos sobre prisioneros de guerra hasta la búsqueda de improbables reliquias pseudopaganas por toda Europa… ¿Sabes que estuvieron en Montserrat buscando el Grial? De locos.
Herr Heinrich Himmler, como Reichsführer, manejaba el cotarro.
Si quieres mi opinión: un atajo de imbéciles iluminados.
Supongo que herr professor Rahn es Otto Rahn, historiador y SS-Obersturmführer , y uno de los principales ideólogos del mito ario. Murió en extrañas circunstancias en 1939.
No he encontrado ninguna referencia al texto de Sexto Germanico ni al Thule Magazin, pero -flipa- existió una Sociedad Thule -Thule-Gesellschaft- que se dedicaba a principios de siglo a estos dudosos menesteres “científicos” e influyó decisivamente en la configuración de la mitología nazi. Se dice que el mismo Hitler era un miembro activo en sus reuniones.
¿Es posible que haya aquí una conexión?
Tal vez habría que bucear en la Staatsbibliothek de Berlín. Te lo dejo a ti).
23 de octubre de 1940.
Apenas había escrito unas breves líneas a nuestro Reichsführer expresando cautelosamente mis dudas con respecto a la misión y solicitando algo más de información al respecto, cuando los acontecimientos se precipitaron.
Tuve que destruir mi carta, por supuesto.
Hoy, sobre las 20:00 h., para sorpresa de todos, alcanzamos lo que parece ser el techo de la cripta: la legendaria cripta bajo la ermita de Saint-Géry”; los umbrales del Averno”, según Sexto Germanico… O al menos eso es lo que piensa herr Zweiffel, que ha mudado como por ensalmo su inicial escepticismo por el entusiasmo vehemente del converso.
¿Quién sabe? Tal vez nuestra presencia aquí tenga un sentido después de todo.
24 de octubre de 1940.
Nada es tan fácil como parece.
La sonda muestra una bolsa de aire bajo la última cota, a unos 2,5 metros de profundidad, pero es muy posible que nuestro empeño por llegar a la zona en cuestión acabara en un derrumbamiento de proporciones insospechadas, acaso con grave peligro para nuestros trabajadores.
Tras un somero análisis de los estratos, herr Zweiffel concluye que probablemente la cripta haya sido construida aprovechando una caverna natural -”roca madre”, me dice-; lo que complicaría el trabajo de nuestros excavadores, pero eliminaría todo riesgo de colapso.
La decisión está en mis manos. He de pensarlo detenidamente.
Doy un par de días libres a las cuadrillas.
Etiquetas: Documentos, Nazis, Rue du Peuplier, Saint-Géry, Sainte-Catherine, Tunnel


















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