La puerta B

Claro de Bosque
11 de junio de 2009
(7, rue du Peuplier; 13:00 p.m.)
…a veces, me encuentro en el claro de un bosque en mitad de la noche, de rodillas, cavando la tierra con las manos desnudas, sucias de sangre y barro, y son mis propios ojos los que me contemplan desde el agujero inmundo en el que se pudren los restos de lo que fui, algo parecido a un hombre, y puedo ver el cielo girar en lentos torbellinos de niebla y polvo de estrellas y fuego azul sobre mi cabeza atribulada, más allá de las ramas nudosas y quebradizas de los árboles, un rostro, que ya no es el mío, congelado en una mueca de terror y una última palabra temblando en los labios, y sé que pronto llegará el día y vendrán los cuervos y quiero gritar y no sé cómo hacerlo…
…otras, recorro el cauce seco de un río camino de una ciudad abandonada, las murallas vencidas en la lejanía, torreones hendidos por el rayo y pináculos y columnatas irguiéndose apenas entre la hiedra, los escombros y el polvo de los siglos, y me demoro en las huellas del desastre, sillares y capiteles y estatuas mutiladas, esparcidos por doquier en las negras arenas, una mano de proporciones titánicas señalando inútilmente a las nubes, estelas grabadas en un idioma incomprensible -guerreros y reyes sin nombre-, un ángel que podría ser un demonio observándome desde su tumba de cieno y hojas secas, hasta que es demasiado tarde y un violento torrente de aguas turbias me arrastra hasta el mismo confín del mundo borrándolo todo…
Los sueños me asaltan en cualquier momento.
Día y noche.
No puedo deshacerme de ellos.
¿Qué me está pasando?
(…)
Enzo se ha marchado. Y todos los compañeros de la Facultad. Marcos, Wim, etc.
También Mira.
SMS: Olvida lo que ocurrió entre nosotros. Yo ya lo he hecho. No era el momento ni el lugar. Tal vez en otra reencarnación? :)
Alex no ha dado señales de vida desde que le envié el mapa de Fred vía e-mail.
Supongo que Jesús y Rosa siguen a lo suyo.
¿Y Liz?
Estoy solo. Con mi delirio.
No quiero dormir.
No quiero soñar.
Si al menos tuviera algo de speed…
(…)
Me mantengo en pie a base de café y cigarrillos.
Y dibujo. Para aclarar mis ideas.
Sólo entiendo de cosas que se puedan dibujar. Soy así de simple. Así que relleno mi cuaderno de extraños guarismos: pentágonos y estrellas de cinco puntas, listas de nombres, fechas… Nada.
Por enésima vez, casi mecánicamente, trazo en rojo las líneas maestras del mapa de Fred: 1, 2, 3, 4 y 5.
En azul, la línea B.
Sobre éstas, incluyo un croquis de memoria del plano de Alex: las cinco torres en torno a la Grand Ile, el pentágono, etc.
Y contemplo mi obra durante un par de minutos.
Todo concuerda.
O eso quiero creer.
Desde el principio, intuimos que el laberinto había sido concebido sobre una estructura pentagonal, si bien algo irregular: cinco referencias de carácter presuntamente simbólico -Notre-Dame du Finistère, Notre-Dame de la Chapelle, Saints-Michel et Gudule, Saint-Antoine y Sainte-Catherine- y más o menos equidistantes de St. Géry.
Si damos por verdaderos los datos aportados por Alex, podríamos corroborar esta primera intuición y suponer que la antigua ciudad -la Bruselas vieja o pentagon- creció alrededor de los muros levantados en torno a Saint-Géry y sus cinco torres, y sobre el laberinto, siguiendo su mismo patrón geométrico .
A simple vista, es lo que parece.
Creo, sin embargo, que nos precipitamos al considerar la vieja capilla como centro del laberinto.
Demasiado fácil.
La Cronica Bruxellensis, además, no deja lugar a dudas: allí se encuentra la entrada, o entradas -digamos que son cinco-, a los subterráneos, señaladas por las cinco torres-vigía “para aviso y memoria de todos los hombres”. Selladas, por supuesto. Saint-Géry no es el final sino el principio. El verdadero punto de partida. Y lo que sea que se oculta en las entrañas de la ciudad debe de encontrarse en algún lugar al final de estas líneas rojas, tal vez a decenas de kilómetros bajo tierra, perdido en la maraña de túneles.
En teoría, esto no hace sino complicar aún más las cosas: ¿en qué lugar del mapa marcar la X? ¿Existe un único camino hasta el secreto? ¿O son todos callejones sin salida?
Una verdadera jodienda.
En teoría.
Porque a estas alturas, y después de haberlo rumiado en silencio durante semanas, ya apenas tengo dudas sobre la dirección a seguir. Sólo necesitaba reunir el valor suficiente para hacerlo.
Hay una puerta trasera. Lo sé. Desde hace tiempo.
Llamémosla puerta B.
Y ha llegado el momento de abrirla, antes de que Alex o cualquier otro tocapelotas aprendiz de Robert Langdon se nos adelante.
(…)
Llamo a Liz.
“You again?”, suelta sin contemplaciones.
YO: Espero que estés lista. No tenemos mucho tiempo.
LIZ: Mierda, J… Pensé que ya te habrías olvidado del asunto.
YO: ¿Qué tal mañana?
LIZ: ¿Qué tal nunca?
YO: Me lo prometiste. Sólo una vez más. ¿Es que ya no lo recuerdas?
LIZ: I know, Iknow… Joder, no quiero volver a discutir contigo.
YO: La última.
LIZ: Eso espero. Por tu bien. Tengo que coger un vuelo a Edimburgo el día 20. Vuelvo a casa. No me queda tiempo para seguir ejerciendo de mamá contigo, you know what I mean?
YO: Ok.
LIZ: Digamos… ¿El sábado?
YO: Mejor el domingo. A eso de la medianoche. Debemos guardar cierta discreción.
LIZ: ¿Debemos qué? Fuck it… ¿Qué coño te propones?
YO: Top secret. Te lo explicaré todo en su momento. No quiero que te eches atrás demasiado pronto.
LIZ: You crazy motherfucker…
Silencio.
Oigo su respiración agitada al otro lado del teléfono. ¿O es la mía?
“¿Dónde?”, dice al fin.
YO: En Sainte-Catherine. Junto al Monk. Te estaré esperando. No me falles.
LIZ: …
YO: ¿Liz?
LIZ: Ok, man. Allí estaré.
YO: Genial. (Le mando un sonoro beso telefónico). I love you, darling.
LIZ: Rot in hell.
Etiquetas: Monk, Pentágono, Puerta B, Saint-Géry, Sainte-Catherine


















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