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Jul

Un bombón envenenado

   Escrito por: J. en Temporada 1

La Post - Bélgica

La Post - Bélgica

1 de junio de 2009
(7, rue Pauplier; 10:15 a.m.)

Vuelvo de la Oficina de Correos con el tiempo justo de adecentar un poco el apartamento antes de mi cita con la teniente Strauven.
(He despachado tres copias del CD de Fred a otras tantas personas de confianza allá en España. Un viejo truco de tahúr: me reservo una buena mano en caso de que la partida se ponga al rojo vivo. Pase lo que pase, la información no se perderá. Les jeux sont faits, monsieur Otto !)
Recojo los restos de la cena, la botella de Jameson a medio acabar y los vasos. Vacío los ceniceros y sacudo convenientemente el sofá. Pulverizo a conciencia cada rincón del apartamento con un ambientador tratando de disimular el aroma dulzón de la marihuana. Abro las ventanas.
Aún me sobran un par de minutos para consultar el correo.

Nada de Ingrid. ¿A qué espera para mandarme la traducción? (No me falles, darling).
Un mensaje de mis compañeros de travesía:

DE: Jesús & Rosa
PARA: J
ENVIADO: 31 de mayo de 2009, 23.13 h.
ASUNTO: Plan B
Wassap, man?
Tenías razón: es de locos. Ninguna de las iglesias es anterior al siglo XII. Notre-Dame de la Chapelle, 1250. Sainte-Catherine, en torno a 1400… Y todas han sido reformadas en algún momento. En la cripta de Saint Michel se conservan algunos restos de la construcción original (1407), pero ya te imaginas en qué estado, ¿no? Ninguna pista.
Hemos recorrido lo que queda de la antigua muralla: sabes que pasaba junto a
Sainte-Catherine, ¿verdad? Pero ésta data del siglo XII y los restos que aún se mantienen en pie no aportan gran cosa a nuestra teoría. Nada de señales ni criptogramas ocultos. Si existió una estructura anterior -el Círculo Místico del que hablábamos-, está olvidada y bien enterrada. Es probable que ni siquiera coincidiera exactamente con el trazado actual.
Rosa opina que deberíamos contar con algo de ayuda.
Se me ocurre que podríamos linquear el blog a la web de Hispagenda. No sé si la conoces. Es una especie de guía cultural para la comunidad hispana de la ciudad. Conozco al tipo que la lleva y es un flipado de todas estas historias de dragones y caballeros templarios, etc. Le encantará. Hay un par de compañeros de trabajo que también estarían dispuestos a colaborar. Si le damos algo de publicidad al asunto, tal vez obtengamos resultados más rápidamente. Imagínate un foro en torno al tema -Facebook también podría servir-: ideas y más ideas. Sería imposible que no encontráramos algo. Una gymkhana en plan ocultista, ¿no? Mola.
Me pongo a ello ahora mismo.
¿Qué tienes tú?
Un abrazo.

Mierda.
Releo las últimas líneas y, por primera vez, me pregunto si Liz no tenía razón y estamos llevando las cosas demasiado lejos. El mero hecho de imaginar a una legión de boy-scouts recorriendo la ciudad en plan Indiana-Jones-a-la-caza-del-tesoro me produce escalofríos. Es simplemente una locura. Una locura peligrosa.
Otto.
Mierda. Joder.
Está claro que no fue buena idea dejarlos participar de esta historia. ¿Cuánta gente dispondrá del mapa a estas alturas? No quiero ni pensarlo.
Cojo el móvil y marco el número de Jesús.
Tengo que decirles que se olviden de todo el asunto y busquen un buen lugar para esconderse durante algún tiempo. Que destruyan el mapa si es preciso. Eso es. No quiero sentirme responsable de la seguridad de nadie: ni la de ellos ni la de cualquier otro. No quiero ese peso en mi conciencia, coño.
El teléfono está desconectado.
Escribo un SMS: “Llámame en cuanto puedas”.
No puedo hacer más.
Suena el timbre.
Apago el ordenador. Trato de calmarme. Respiro hondo, dejo pasar un par de segundos y abro: …and there she is, Emma Strauven, miss Policía Federal, tras la puerta número uno. Un bombón envenenado.
YO: Muy puntual. Impresionante.
EMMA: No me gusta hacerme esperar.
La conduzco hasta el salón y me recreo unos segundos en su imponente trasero. Viste unos vaqueros bien ceñidos y una camisa a cuadros, masculina. Zapatillas deportivas y aros en las orejas. (¿Dónde coño esconderá la pistola?). Debe de rozar los cuarenta, pero aparenta treinta. A la luz del día, se me antoja algo más accesible que cuando la conocí en el Fin de Siècle. Pero no tanto como para olvidar que es policía.
“¿Café?”, digo.
Niega con la cabeza y dice: “No tengo mucho tiempo”.
Me encojo de hombros y le ofrezco un asiento. Me coloco frente a ella.
YO: ¿Ha traído las esposas?
EMMA: Nunca en la primera cita.
Touché.
Dejo escapar un silbido de admiración.
Sonreímos.
YO: ¿Y bien? ¿En qué puedo ayudarla?
EMMA: Hábleme de su relación con el señor Jamaer.
YO: Fred.
EMMA: Fred. Son amigos íntimos, ¿no es cierto?
YO: Yo no diría tanto. Nos conocimos en la Facultad, ¿vale? Me ayudó mucho al principio cuando aterricé aquí y no tenía dónde caerme muerto. Literalmente. Me consiguió este apartamento y me enseñó a moverme por la ciudad… Y poco más. Un par de cervezas de vez en cuando y mucha conversación. Lo normal entre compañeros de clase.
EMMA: Entiendo.
YO: “Amigo” es una palabra demasiado grande. No lo conozco tanto.
Silencio.
EMMA: Y, sin embargo, no dudó usted en unirse a su aventura particular.
YO: El proyecto.
EMMA: Ajá.
Silencio.
Le ofrezco un cigarrillo. Lo rechaza. Enciendo uno para mí.
YO: Está usted en todo.
EMMA: Es mi trabajo.
Doy una larga calada y sostengo su mirada unos instantes. Trato de parecer seguro de mí mismo.
YO: Artísticamente hablando, era un estímulo. Algo nuevo. Lo que necesitaba para ponerme en marcha. No podía dejarlo escapar.
EMMA: ¿Podría ser más explícito?
Suspiro y miro al techo. Me tomo mi tiempo para contestar.
YO: ¿Sabe usted algo de arte conceptual?
EMMA: Póngame al día.
YO: Básicamente, se trata de destacar los componentes mentales de la obra y su percepción, y dejar en segundo plano su realización material. Invertir el esquema, ¿vale? Los esbozos, las primeras versiones… Incluso las simples ideas se toman como obras de arte en sí mismas. Es el espectador quien acaba el proceso. O no.
Silencio.
La teniente sopesa mis palabras.
Al fin, dice: “Una especie de juego intelectual. ¿Lo he entendido bien?”.
YO: Si quiere verlo así… En el fondo, toda propuesta artística lo es. Toda propuesta moderna, quiero decir. Vivimos en la era del descreimiento y el simulacro.
EMMA: “Digo simplemente que el arte es un engaño”.
YO: ¿Duchamp?
EMMA: Duchamp.
“Bravo”, balbuceo sinceramente impresionado. “Toda la documentación y la investigación derivada de ella son estrictamente reales. Las conclusiones, pura y simple especulación. Para entendernos, sería como reconstruir un puzzle incompleto. En las piezas perdidas está el misterio. Y en éste, la obra. Lo importante es el proceso. Lo demás es sólo… Inspiración. Un juego, sí. ¿Por qué no?”.
EMMA: Ya. (Frunce el ceño. No parece muy convencida). Pero usted parece tomárselo muy en serio. Demasiado, para tratarse de un simple entretenimiento. Su blog…
YO: (Reacciono a tiempo). No caiga en la trampa, teniente. Siempre he sido un escritor frustrado. Me gusta inventar, ya sabe.
Silencio.
Sonríe, o eso creo. Se guarda un as en la manga.
“¿Y qué me dice de Otto?”, me suelta de buenas a primeras.
Mierda.
Tengo que andarme con ojo.
YO: ¿Otto?
EMMA: El mendigo. ¿También se lo ha inventado? ¿Es un personaje de ficción?
YO: No exactamente. Lo incorporé al blog pensando que podría darle algo de intriga a la historia. Suspense, ya sabe. Pero no tengo ni idea de dónde ha salido ni qué es lo que busca… Si es que busca algo…
EMMA: ¿Y no se le ha ocurrido pensar que tenga algo que ver con la desaparición de su amigo?
YO: Eso sería darle demasiada importancia. En mi opinión, no es más que un perturbado. Bruselas está llena de ellos. Sólo espero no volver a toparme con él. Como elemento dramático, es efectivo… Pero como persona… En fin, no deja de ser un incordio.
EMMA: Ya. (Asiente levemente y echa una mirada fugaz a su reloj de pulsera. Tiene que irse: estoy salvado). En cualquier caso, sería importante que pudiera disponer de una descripción lo más detallada posible del sujeto. Hizo usted un dibujo, ¿no es cierto?
YO: Sí, lo tengo por ahí. Una especie de retrato-robot. No está muy logrado.
EMMA: Servirá. (Se levanta). Y una cosa más… Necesitaría una copia del CD.
YO: ¿El CD de Fred?
EMMA: Ajá. ¿Es posible?
YO: Sí, claro… Por supuesto… Acompáñeme, por favor. (Me levanto y le muestro el camino a mi habitación. ¿Me tiembla la voz?) Pero le advierto que no va a encontrar nada interesante. Es un galimatías.
EMMA: Déjeme que yo lo decida, ¿quiere?
Asiento.
Conecto mi portátil y procedo a hacer la copia. Enciendo otro cigarrillo.
Entre tanto, la teniente-culo-perfecto se pasea por mi habitación registrando cada mínimo detalle en su disco duro: las fotos de la familia y los amigos, apuntes a lápiz de la Grand Place, Sainte-Catherine, la Torre Negra; una copia ampliada del mapa de Fred, colocada sobre el cabecero de mi cama junto al retrato de Liz, y más fotos: el cumpleaños de Mira, una excursión a Gante, de fiesta en L´Archiduc… Mis blocs de dibujo tirados por el suelo. Mis libros.
YO: ¿Alguna pista?
EMMA: Nada definitivo.
YO: Tal vez debería hablar con su abuela. Que yo sepa, es el familiar más cercano. Es hijo único. Y sus padres…
EMMA: Sí, ya lo sé. Estuve de visita en Ottignies hace un par de días. En el asilo. Pero me temo que la señora Jamaer no está en condiciones de aportar nada a la investigación. (Señala con un dedo su cabeza). Alzheimer, ya sabe.
“Claro”, digo. Pero algo ha hecho click en mi cerebro: “¿Jamaer?”.
EMMA: Madre soltera. Su hijo, el profesor Armand Jamaer, es el padre de su amigo. O lo era, mejor dicho. Curiosamente, también desapareció en extrañas circunstancias en 1989. Apenas un año después de conseguir su cátedra de historia en la Universidad Libre de Bruselas. Una tragedia. Su esposa se suicidó poco después.
YO: Joder.
EMMA: ¿No lo sabía?
Niego con la cabeza.
Silencio.
(Pienso en Fred: sus extravagancias, sus repentinos e inexplicables accesos de melancolía, sus bromas de dudoso gusto y su sarcasmo: su rabia de niño abandonado/atormentado/perdido… Y me maldigo por no haber sido capaz de entenderlo a tiempo).
(¿A tiempo para qué?)
La copia está lista.
Voilà !“, digo y le ofrezco el CD a la teniente.
No me ha oído.
Insisto: “¿Señorita Strauven?”
Algo ha llamado su atención: toma una fotografía de uno de los estantes de mi exigua biblioteca, la observa durante unos segundos y la coloca frente a mí, sobre el escritorio. Se trata de un souvenir de la última escapada de Fred a Alemania en las pasadas navidades. En primer plano, mi amigo ensaya su mejor sonrisa y levanta los dedos índice y corazón en señal de victoria. Parece feliz. Al fondo, un nutrido grupo de turistas curiosea en torno a un caprichoso conjunto de rocas de dimensiones ciclópeas.
En el ángulo inferior derecho, una anotación apenas visible:

Externsteine, Westfalia. 21 de Décembre de 2008.

“Qué”, digo encogiéndome de hombros.
EMMA: ¿Conoce usted a este hombre?
Me señala una figura oronda situada un par de pasos por detrás de Fred: traje de tres piezas y pajarita, bigotes nietzscheanos y calva reluciente. Sostiene un par de gruesos volúmenes bajo el brazo y una Nikon sobre su vientre XXL. Luce altivo y envarado como un húsar. Un caballerete a la antigua recién salido de una caricatura de Daumier.
YO: No. ¿Debería?

Societé Irminsul

Societé Irminsul

EMMA: ¿Ha oído usted hablar de la Societé Irminsul?
YO: ¿Irmin-qué?
EMMA: Ir-min-sul. Tal vez el señor Jamaer la nombrara alguna vez.
YO: No. Lo recordaría. (Chequeo mi memoria: nada). ¿Qué es? ¿Una especie de secta? Suena a rollo new age, ¿no?
EMMA: El nombre completo es: Société des Etudes Historiques et Ethnographiques Irminsul. Fundada en 1994. Hasta hace poco, se dedicaba a promover estudios sobre los orígenes prehistóricos de la ciudad. Nada importante. Conferencias, publicaciones, ya sabe. Últimamente, sin embargo, ha derivado en una especie de organización nacionalista con pretensiones políticas.
YO: Extrema derecha, ¿no?
EMMA: Más o menos. Integra en sus filas a valones y flamencos por igual. Su credo se basa en la existencia de una supuesta “raza original europea” que habría habitado estas tierras antes de la llegada del cristianismo.
YO: Basura neopagana. ¿Peligrosos?
EMMA: Está por ver. Sospechamos que alguno de sus miembros anda detrás de una serie de actos vandálicos que se viene produciendo en la ciudad desde hace un par de años. Pintadas en la fachada de alguna iglesia. Destrozos. Robo. Aún no tenemos nada. (Señala de nuevo al tipo de la foto). Este hombre, Jean-Claude Van Decke, es su principal benefactor. Abogado de prestigio y doctor en Historia por la Sorbonne. Es heredero de una de las mayores fortunas de Bélgica. Una familia antigua. Posee acciones en las principales empresas del país y en varios medios locales. Y un escaño en el Parlamento Europeo por el UTB/SSGB, la Union des Terres Belges/ Samenvoeging Stuk Grond Belgisch. Un tipo de cuidado. Es sabido que su familia colaboró activamente en la ocupación. Nunca ha escondido sus simpatías nazis.
“Vale… Lo pillo”, digo sin demasiado convencimiento. “Pero, ¿qué tiene que ver Fred con todo esto?”.
EMMA: La Societé organiza cada año un viaje a las ruinas megalíticas de Externsteine. En el solsticio de invierno. Veneran el lugar como una especie de santuario, quién sabe por qué… Parece evidente que su amigo estaba al tanto de tales actividades…
YO: (Miro de nuevo la foto y niego con la cabeza). Demasiado vago. Tal vez se trate de una simple coincidencia.
“Es posible… Pero poco probable”, dice al tiempo que toma la copia del CD y la guarda en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Se lo piensa unos segundos antes de soltar: “Nos consta que el bufete de Van Decke se ocupa de la administración del patrimonio de los Jamaer hasta 2010. Una cláusula en el testamento de Armand Jamaer así lo dispone. Las facturas del asilo, los estudios y la manutención de Fred… Todo pasa por sus manos. Demasiadas coincidencias, ¿no le parece?”.
Silencio.
YO: Mire, teniente, no sé dónde quiere llegar… Fred es Fred. Puede ser muchas cosas, pero nunca un capullo neonazi… No tiene ideas políticas, ¿entiende? Es un… Artista. Está más allá de toda esa mierda… Él es… Fred…
EMMA: Sólo trato de atar cabos. Como le he dicho, no hay nada definitivo.
Me levanto para dar por finalizada la conversación.
Abro un cajón y le entrego a la teniente el retrato de Otto.
YO: Encuéntrelo, ¿quiere? Haga su trabajo. No necesito más complicaciones en mi vida.
Asiente.
La acompaño hasta la puerta y nos despedimos con un frío apretón de manos.
EMMA: Procure estar localizable. Tal vez tengamos que volver a vernos.
“No se lo tome a mal, pero espero que no”, digo.
Sonríe.
Antes de dar media vuelta y desaparecer, repara un instante en los desperfectos de la madera alrededor de la cerradura: la firma de Otto.
“Tenga cuidado, ok?”, dice.
Trato de devolverle la sonrisa.
No sé si lo consigo.
(…)
Vuelvo a mi habitación y contemplo la foto durante un par de minutos.
Hay un breve texto escrito al dorso que ya había olvidado.
Casi me emociono al enfrentarme de nuevo a la menuda y nerviosa caligrafía de Fred:
Mon cher ami:
¿Qué te parece? Se siente uno VIVO entre estas piedras, joder. Casi puede palparse: la fuerza, el poder, la fe inquebrantable de los que levantaron este monumento a la locura. Hay lugares así por toda Europa, casi secretos, donde se nos dice que una vez fuimos creadores de dioses, inventores del futuro… LADRONES DEL FUEGO… Hay que saber leerlo, desde luego.
Nos vemos pronto,
bye.
(…)
Llamo a Liz.
LIZ: Qué.
YO: ¿Cuál es el nombre de pila de la abuela de Fred? ¿Lo sabes?
LIZ: ¿Para eso me llamas?
YO: ¿Lo sabes o no?
LIZ: Marguerite, creo. What the…?
YO: Thanks, love.
LIZ: ¿J.?
Corto la comunicación.
Marguerite.
Estoy cerca. Muy cerca.

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Esta entrada fue escrita en Domingo, Julio 26th, 2009 a las 14:28 y está incluida en Temporada 1. Puede seguir cualquier comentario a esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puede hacer un cometario, o trackback desde su propia página web.

2 comentarios hasta ahora

Erika
 1 

Anoche soñé que un dragón de grandes alas y lengua de fuego me llevaba a tu lado. ¿Cuándo vuelves a España?

31 Jul 2009 a las 17:46
MONKIFLI
 2 

Les Jeux sont amusantes!!! Vocu.

19 Ago 2009 a las 19:20

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