
Dibujo de Liz
8 de abril de 2009
(y tres: autorretrato sin retoques/7, rue Peuplier; 21:25 p.m.)
Después de unas cuantas cervezas y medio paquete de Marlboro, aún no he reunido el valor suficiente para abrir el cd de Fred. Intuyo, tal vez sin demasiado fundamento, que no voy a salir indemne de lo que descubra. Sea lo que sea.
No puedo decir, sin embargo, que la idea no me excite. Hay un sabor añejo a aventura e iniciación en todo ello al que es difícil resistirse: la repentina desaparición de Fred y todas las extrañas coincidencias, aquel extraño e-mail; la entrada en escena de Otto, el mendigo del Corbeau, y el viejo caserón abandonado… Y mi sueño.
Me siento como un puto personaje de H. P. Lovecraft.
He entrado en el juego de Fred. Y me gusta.
¿Estoy preparado?
(…)
Me doy un par de minutos más para pensármelo. Abro otra cerveza y me dejo caer en la cama.
Contemplo por enésima vez el desnudo a lápiz que robé del estudio de Fred. Casi lo he memorizado: las piernas flacuchas, levemente cruzadas para ocultar el sexo, una mano reposando perezosamente sobre el vientre blanquísimo, el inevitable piercing del ombligo; los pezones oscuros y mínimos, y el rostro adormilado, enmarcado por una espesa melena azabache de venus gótica.
Ya no me cabe duda de que se trata de Liz.
Pienso en ella. Intensamente. Y en Fred. Los veo retozar en aquella habitación, olvidados de todo y de todos, en el mismísimo fin del mundo; y besarse y morderse y follar como perros en celo sobre un mugriento colchón. Y me masturbo furiosamente.
El orgasmo es brutal. Casi doloroso.
(Don´t take it bad, darling).
Antes de quedarme dormido, reparo en la leyenda bajo la firma nerviosa de Fred, en el ángulo inferior derecho de la cuartilla:
La sainte de l´abîme est plus sainte à mes yeux.
Etiquetas: CD, Esbozo, Rue du Peuplier


















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