
Documentos
6 de mayo de 2009
(7, rue Peuplier; 13:35 p.m.)
Hace exactamente veintiocho días, trece horas y treinta y cinco minutos que no salgo de mi habitación.
La mañana del 9 de abril, la primera del resto de mi vida, despierto sobresaltado a eso de la diez, bajo las persianas, desconecto mi móvil e introduzco el cd de Fred en la disquetera de mi viejo Toshiba sin pensarlo, como arrastrado por una necesidad física y casi insoportable.
Y ya no vuelvo a apartar mis ojos de la pantalla.
Veintiocho días, trece horas y treinta y cinco minutos colgado del ordenador, tratando de poner orden en un rompecabezas del copón: diecinueve archivos, etiquetados con números romanos, entre PDF´s, material gráfico y retales de la web, y todo sin conexión aparente.
(Recortes de prensa. Cartas manuscritas, fechadas en torno a los años 40. Un informe de aspecto más o menos oficial sobre el soterramiento del Zenne en 1866. Fotos. Coordenadas. Un croquis a mano alzada de una especie de cripta o templo de trazas vagamente románicas. Un fragmento en latín (¡) de la Cronica Bruxellensis, escrita alrededor del siglo XV por un tal Sexto Germanico. Y tres nombres que se repiten insistentemente: Heinrich, Marguerite, Armand).
700 MB de locura y mixtificación.
Veintiocho días, trece horas y treinta y cinco minutos casi sin dormir, comiendo algo de vez en cuando y bebiendo y fumando como un puto clon de Robert Downey Jr; parando apenas unos minutos para actualizar el blog.
Hasta hoy.
(…)
Enzo entra en mi habitación sin llamar y me mira como si no acabara de reconocerme.
(Debo de tener un aspecto horrible).
ENZO: ¿Piensas quedarte ahí toda la vida?
YO: ¿Te importa?
ENZO: Al menos, podrías darte una ducha. Apestas, tío.
YO: Estoy ocupado.
ENZO: It´s your bussiness. Pero tus amigos deben de echarte de menos. Si es que aún te queda alguno…
(…)
Tal vez ha llegado el momento de pedir ayuda.
Todavía no tengo nada claro, pero empiezo a intuir cierto sistema en el oscuro y abigarrado Necronomicon de Fred: todo parece apuntar a que los archivos XI y XIX esconden el sentido último de aquella extraña miscelánea. O eso creo.
El XI incluye algo más de veinte páginas escaneadas del diario de campaña de un oficial alemán: c.1940-44, los años de la ocupación.
El XIX, un plano de la ciudad profusamente anotado.
No puedo avanzar más: estoy atascado.
Vuelvo a conectar el móvil: mamá, como siempre; mensajes de Mira, Jesús, Marcos… Where the fuck are you? Nada de Liz.
Y veintiún llamadas perdidas de Ingrid. Mi ex.
(Vaya sorpresa).
No acaba de gustarme la idea, pero su súbita reaparición (siempre fue muy dada a los golpes de efecto, tal vez por deformación profesional: es actriz) puede facilitar las cosas. Desde que lo dejamos, nuestra relación no ha sido precisamente cordial. Sin embargo, no se me ocurre otra persona a la que pudiera confiar lo que tengo entre manos. Soy un puto romántico… ¿Ya lo he dicho?
La llamo.
Ingrid es medio alemana y más o menos bilingüe. Se crió en Ingolstadt hasta los nueve o diez años. Padre italo-argentino y madre autóctona. Ahora vive en Córdoba. Si hay alguien que pueda ayudarme a descifrar el archivo XI, es ella.
INGRID: ¿J.? ¿Dónde te habías metido?
YO: Ya sabes. Liado.
INGRID: Nunca cambiarás. ¿Has llamado a tu madre? Anda un poco mosqueada.
(La obscena connivencia de las ex novias con las ex suegras: nunca lo entenderé).
YO: Sí, claro… Don´t worry. ¿Cómo te va?
INGRID: No me quejo.
YO: ¿Ya te has hecho famosa?
INGRID: Más o menos. Tuve mis quince minutos de gloria. Un episodio piloto para una serie. Todavía no sé nada.
YO: Hay que esperar, ¿no? Así funcionan las cosas.
INGRID: Tú lo has dicho.
Silencio. Incómodo.
YO: Oye, Ingrid.
INGRID: Qué.
YO: Necesito que me hagas un favor.
INGRID: Dispara.
YO: Voy a enviarte un texto, ¿vale? Está en alemán y la letra es horrible. Lo siento. Necesito que lo traduzcas y me lo reenvíes lo antes posible. No hace falta que te esmeres. Con un resumen bastará. ¿Crees que podrás hacerlo?
INGRID: ¿Tiene algo que ver con tu proyecto?
YO: ¿Tú que crees?
INGRID: ¡Genial! Dalo por hecho. Me muero por saber en qué acaba toda esta historia.
YO: Gracias, cariño.
Silencio. Hay algo más.
INGRID: Sólo una cosa, J.
YO: Qué.
INGRID: Esa tal Liz…
YO: No empecemos.
INGRID: Ten cuidado, ¿vale?
YO: Todo ok, mami. No te preocupes.
INGRID: No dejes que te hagan daño. Sólo eso.
(Ya es hora de cortar la comunicación).
(…)
Siguiente paso: imprimo una copia del plano anotado del archivo XIX y llamo a Jesús. Conoce cada palmo de esta maldita ciudad como si hubiera nacido aquí. Es mi hombre. Quedamos el viernes en La Porte Noire.
No puedo más.
Apago el ordenador y caigo rendido en la cama.
Siento que estoy a punto de redondear mi teoría sobre el proyecto de Fred y su supuesta desaparición ad hoc.
Pero aún hay que esperar. Así funcionan las cosas.
Alea iacta est.
Etiquetas: CD, Documentos, Link, Rue du Peuplier


















4 comentarios hasta ahora
Deje un comentario