
L'archiduc
7 de marzo de 2009
(L´Archiduc, entre las 01:45 a.m. )
El proyecto aún no tiene nombre.
No hay premisas. Ni objetivos.
El proyecto es sólo el proyecto. Una palabra y poco más. Nuestra palabra-talismán. Algo indefinible y demasiado frágil como para ser enunciado en voz alta. Una posibilidad quizás, pero ¿de qué?
“El desarrollo natural de los acontecimientos acabará definiendo el sentido del proyecto”, Fred dixit. Liz y yo asentimos, tal vez por motivos distintos, y entonces es inevitablemente Nietzsche, Freud, Artaud (“rehacer la cadena entre lo que es y lo que no es, entre la virtualidad de lo posible y lo que ya existe en la naturaleza materializada”) y, por supuesto, Beuys (“todo conocimiento humano procede del arte”, ergo: “cada hombre, un artista”); y el mandala y los misterios órficos y el chamanismo: búsqueda-revelación-catarsis. Etcétera.
Brainstorm.
Pedimos otra ronda y anotamos:
a) Evitar formulaciones a priori: programas, manifiestos, etc. El proyecto no persigue un fin determinado. Es el fin en sí mismo.
b) (Se sigue de lo anterior.) Facilitar en lo posible una experiencia artística pura. Original.
c) (Id.) Abolir la distancia entre el término real y el término metafórico, o entre el acto y su representación. Re-crear la experiencia en su inmediatez. En tiempo real.
d) (Id.) Vivir el proyecto. O dejarse vivir por él.
Silencio.
Nos miramos.
¿Tenemos algo?
Fred propone volcar el proyecto en la red. “Creemos una experiencia hipertextual”, dice. “Dejemos que crezca y veamos hasta dónde o hasta quién nos puede llevar”.
LIZ: (Reticente.) ¿Una comunidad de iniciados?
FREDERIC: Si quieres verlo así…
YO: Un taller virtual.
FREDERIC: Voilà! La casa amarilla de Van Gogh. Una casa sin paredes.
LIZ: Sois unos putos románticos.
FREDERIC: Que cada cual traduzca la experiencia a su propio lenguaje. Sin restricciones. Toda vez que los fragmentos vayan encajando, quizás tengamos ante nuestras narices la visión de algo. Algo de verdad.
LIZ: O tal vez no.
FREDERIC: O tal vez no. Quién sabe. Lo importante, en cualquier caso, es el proceso. Y, cuanto más diverso y plural sea éste, tanto mejor. Imaginad las posibilidades: foros, juegos on line, second life… Joder… Yo qué sé…
LIZ: ¿Juegos? Come on.
FRÉDERIC: ¿No es eso el arte, Liz? Homo ludens. ¿En qué siglo vives?
LIZ: No me trates como a una niña, ¿quieres?
FREDERIC: Sorry, darling.
YO: ¿Hablamos de una especie de red social?
FREDERIC: Hablamos de algo jodidamente humano, tío. Real. Nada de cuadros para adornar las paredes del salón. Nada de bromas de mal gusto pour épater le burgeois. Que se joda el puto Saatchi. Hablamos de algo orgánico.
YO: Tiene sentido.
FREDERIC: ¿Entonces?
YO: Por mí, ok.
FREDERIC: ¿Liz?
LIZ: What can I say? Adelante.
Brindamos.
Nos despedimos con la promesa de trabajar sobre la idea y encontrarnos en el mismo lugar el viernes siguiente después de las clases. Fred se guarda aún buena parte del secreto. Es un maestro del suspense. “Tendréis todos los detalles más adelante”, dice. “Todavía tengo que poner en orden el material y comprobar ciertas cosas”.
(¿)
Vuelvo a buen paso a mi pequeño apartamento de la Rue du Peuplier, demasiado excitado y borracho como para pensar en nada coherente. Saturado, ésa es la palabra. Pero feliz. Por primera vez desde que aterricé en esta ciudad de locos hace poco más de seis meses, me siento parte de algo. El proyecto, sea lo que sea. Y tal vez, sólo tal vez, empiezo a creer que soy un artista, en vez de simplemente desearlo, y me alegro de veras de haber ido a parar a la vieja y jodida Bruselas. El ojo del culo de Europa. El centro del mundo.
“Est-ce que je suis un artiste?”, me pregunto en voz alta.
(Menudo gilipollas).
Algo más sobrio, entro en mi cuarto de puntillas tratando de no despertar a Enzo (mi compañero de piso: da Perugia, un fumeta profesional y filólogo en sus ratos libres; buena gente) y me dejo caer frente a la pantalla de mi portátil.
Enciendo el penúltimo cigarrillo y escribo estas palabras.
El primer fragmento de un extraño collage sin pies ni cabeza.
El proyecto está en marcha.
Etiquetas: L'Archiduc, Rue du Peuplier


















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